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  LUNES 12/12/2016
El tipo tiró una moneda de plata y salió cruz
JUAN ZETA (Entrega 26 y última)
El teléfono sonó en la casa del amigo; el primer timbrazo pisó a la palabra “éste” que estaba saliendo de la boca de el tipo.
El viejo amigo no estaba en su casa, la señora tampoco. El tipo atendió.

_Hola.

_Hola. ¿Hermano?, dijo una voz masculina.

_ Soy hijo único, respondió el tipo. ¿Quién habla?

_ Jesús, habla Jesús.

_ ¿De dónde mierda sacaste este teléfono?

_ Fue fácil, me lo consiguió una de las chicas. Todas acá saben ese número de teléfono, dijo Jesús.

_ ¿Qué chica?, preguntó el tipo.

_ Una de las del paraíso.

_ ¿Una puta?

_ Mi nueva Magdalena. Más respeto que ahora estoy viviendo con ella, dijo, riéndose, Jesús.

_Te hiciste fiolo nomás. No se me hubiera ocurrido pero no me sorprende en lo más mínimo, dijo el tipo.

_ Es un trabajo digno como cualquier otro, pero tengo otros proyectos en mente. ¿Por qué no nos vemos un rato y te los cuento?

_ ¿Y por qué querrías verme? ¿Por qué me querés contar a mí tus proyectos?

_Porque sos mi hermano, sos mi salvador. ¿O te olvidaste que estoy vivo gracias a vos?, dijo Jesús.

_No te preocupes que no lo voy a olvidar jamás. Me arrepiento cada día que pasa, contestó el tipo.

_Entonces, ¿nos podemos ver? Te espero en la plaza Once en una hora.

El tipo miró las fotos y dijo:” Está bien, nos vemos. Tengo algo para mostrarte que te puede interesar”.

El tipo se metió en un bolsillo del pantalón el sobre con una dirección anotada en él que estaba nuevamente preñado de fotos y salió a la calle a encontrarse con Jesús.

Estaba oscureciendo, hacía calor, la primavera ya era primavera en el calendario y verano en la ciudad. Caminó despacio, muy despacio; su amigo vivía a diez cuadras de la plaza que era el destino de la cita.

La plaza estaba repleta de gente, gente sentada, gente parada, gente caminando, gente yendo a tomar el tren; gente desparramando sus tristezas por las avenidas.

El tipo encendió un cigarrillo y se paró al lado de unas cabinas telefónicas que no servían desde hace años pero que por alguna razón habían quedado olvidadas allí. La espera no duró demasiado, el cigarrillo no se había terminado de consumir cuando, otra vez, como hacía unos días en el mismo lugar, un dedo le golpeó el hombro.

Era Jesús, pero era un Jesús diferente. Tenía el cabello más corto y la barba ya no ocultaba su barbilla, Vestía un traje azul rabioso, camisa y corbata. Se lo veía exultante.

_Veo que te mantienen bien, dijo el tipo.

_La verdad es que no me puedo quejar, me trata como a un rey. Como lo que soy, dijo la soberbia de Jesús.

_No tengo mucho tiempo ni muchas ganas de quedarme. Te voy a mostrar algo, dijo el tipo metiendo la mano en el pantalón para sacar el sobre con una dirección escrita en él.

_ ¿No querés saber mis proyectos?, lo apuró Jesús.

El tipo sacó la mano, vacía, del bolsillo y su curiosidad preguntó: “¿Qué proyectos tenés?

_ ¿Te acordás lo que hablamos en el tren? Bueno, voy a fundar mi propia iglesia, con televisión, radio, milagros, luces, música y hasta con la línea telefónica que me dijiste. Voy a juntar muchos fieles, voy a ser poderoso, famoso y rico, dijo Jesús.

_Para eso vas a necesitar mucha plata y no creo que de una sola mina salga, vas a tener que conseguir un ejército de putas, dijo el tipo.

_Vos me diste la idea y vos me vas a ayudar.

_No, yo a vos ya no te ayudo en nada más. Además no tengo un mango.

_Sí que me vas a ayudar, y ahora mismo, dijo Jesús estampándole un beso en la mejilla.

El tipo no tuvo tiempo a sorprenderse por el beso recibido, apenas los labios de Jesús se despegaron de su mejilla una camioneta negra con vidrios polarizados clavó los frenos. Inmediatamente bajaron cuatro hombres vestidos íntegramente de negro; otros tres esperaban adentro.

Tres hombres arrastraron a el tipo hasta la camioneta mientras el cuarto le entregaba a Jesús un maletín que contenía los billetes verdes necesarios para comprar su sueño de volver a ser Dios.

La camioneta arrancó con la misma velocidad que había sucedido todo y se perdió entre el tránsito. Para el tipo era demasiada velocidad, aún no comprendía que hacía en medio de siete tipos vestidos íntegramente de negro dentro de una camioneta negra con vidrios polarizados que se dirigía a un lugar incierto.

La camioneta entró en un galpón abandonado del Gran Buenos Aires; el tipo fue vomitado de ella con la misma violencia con la que había sido tragado.

En un pestañeo se encontró desnudo y sentado en una destartalada silla, un baldazo de agua helada lo empapó de pies a cabeza.

La puerta del galpón era custodiada por el Jefe de la Guardia Suiza y por su hombre de confianza, los dos inquisidores hurgaban dentro de sus valijas. El cura, que era poca cosa dentro de la Iglesia, observaba a los dos matones con pelo casi rapado y gafas negras.

Uno de estos últimos dijo: “¡Hablá, hijo de puta!”.

El tipo era un cobarde. Siempre había sido un cobarde pero para su propio asombro no tenía miedo. No sabía bien que estaba sucediendo pero no tenía miedo.

_ ¿Por qué no hacemos una cosa? Por qué no hablás vos primero y me contás que carajo está pasando. Eso si podés articular más de dos frases seguidas, me parece que tu cabeza no está pelada sólo por fuera, dijo el tipo poniéndose de pie arriba de su incomprensible coraje.

Un puño se le incrustó en la boca del estómago, lo dejó sin aire, lo dobló y lo volvió a sentar. Una picana le quemó los testículos mojados, los inquisidores ya tenían un montón de juguetes en las manos para hacerlo hablar.

El cura que era poca cosa dentro de la Iglesia les pidió calma a todos, temiendo que sucediera lo mismo que con el pastor hecho fetas y se dirigió a el tipo.

_Es más fácil si habla. Le aseguro que le va a doler menos, dijo.

_ ¿De dónde saliste vos?, preguntó el tipo.

_ De la Santa Madre Iglesia. Fui enviado por Su Santidad en persona,  respondió el cura.

_ De la Puta Madre Iglesia querrás decir. Mandale saludos al Papa que no volvió más por el barrio. ¿No tendrías que ir por Mendoza o se van a hacer los boludos otra vez? Oídos sordos a ante la violación de niños sordos, silencio ante la vejación de niños mudos; suena lógico.

_ Uno necesita cariño, dijo el cura que era como cualquier cura dentro de la Iglesia.

_ Seguramente fue un error de interpretación, los pibes pidieron un helado y el cura pensó que era un pete, acotó el tipo.

Uno de los mano de obra desocupada, pero ocupado en este momento, rió.

_ Ahora entiendo por qué la Iglesia está en contra del aborto, siguió el tipo como si no se diera cuenta de que estaba a punto de ser boleta.

_ ¿Por qué?, preguntó la candidez del cura nada cándido.

_ Porque les quita chicos para coger.

El matón rió otra vez, el cura se impacientó: "le insisto que es más fácil si habla, ahorrarse dolores no es poco en su situación".

_No sé que esperan que les diga, dijo el tipo.

_ ¿Es usted Jesús?, preguntó el cura.

El tipo entendió todo con esa pregunta. Bocetó una extraña y desubicada sonrisa, miró como del bolsillo de su pantalón, tirado en el piso de tierra del galpón, asomaba el sobre con una dirección anotada en él y preñado de fotos. No lo mencionó siquiera, sólo dijo: “Nos cagó a todos. Hace 2000 años y ahora también”.

El cura no entendió que quiso decir el tipo, uno de los inquisidores se abrió paso y se plantó frente a él y su desnudez.

_ ¿Por qué tiene las manos rojas?

_ Vitiligo, dijo el tipo.

Como respuesta recibió otro golpe de parte de uno de los hombres de cabello casi rapado y gafas negras, el que no reía, que le voló un diente.

_Le voy a dar otra oportunidad, dijo el inquisidor. ¿Es usted el Hijo de Dios?

_No, no tengo padres ni Dios, respondió el tipo.

_ ¿Entonces quién es usted?

El tipo sabía que ninguna respuesta los conformaría, el tipo sabía que de esa no salía bien parado ni mal parado ni parado siquiera, pero el tipo, para su propia extrañeza, no sentía miedo por él. El tipo lo único que hizo fue pensar en ella y por ella temió si esto continuaba. El tipo se inmoló hasta en defensa propia, tal vez, y se dejó volcar antes de que chocase contra algo más duro aún, como el dolor o la indiferencia.

_ ¡Soy Dios! Así que usted y todos los demás pueden empezar a besarme los pies y si quieren pueden chuparme un huevo también, dijo, como ridículo remate de una vida oscura, patética, vulgar, mínima. Innecesaria vida si hubiese más justicia.

El reidor rió otra vez, sólo él.

_ ¡Lo escucharon! Es suficiente con eso, dijo el inquisidor.

El otro inquisidor recitó: “Yo mantengo que este hombre debe ser castigado por haberse probado debidamente que es un hereje apóstata de nuestra Santa Fe Católica, dogmatizador y enseñador de errores de nueva, falsa, dañosa, escandalosa doctrina en ofensa de Dios Nuestro Señor y de su Santa Madre Iglesia. Debe ser castigado por sus errores heréticos y contra la fe. No se puede tener piedad ni compasión para quien cínicamente finge santidad, so especie de impecabilidad. Ya saben lo que tienen que hacer”.

_ ¡Bla, bla, bla!, decía el tipo y su falta absoluta de cordura mientras era arrastrado y acostado sobre la cruz.

Mientras los dos hombres de gafas negras, ayudados por el Jefe de la Guardia Suiza y su hombre de confianza, lo sostenían fuertemente, los inquisidores se acercaban con un martillo y con dos clavos cada uno.

_ ¡Hijos de puta! ¿Van a hacer lo que yo pienso que van a hacer? ¡Mierda que sí lo van a hacer! Por lo menos déjenme hacer una llamada, dijo el tipo.

El cura que era poca cosa dentro de la Iglesia, sacó un teléfono celular, le preguntó a que número quería llamar y se lo acercó al oído.

El teléfono sonó en la casa de los padres de ella.

_Hola, dijo ella.

Sus oídos escucharon las palabras que tanto habían querido oír y no habían podido, la boca de el tipo liberó las palabras que tanto había querido decir y no había podido; al “te amo” infinitamente postergado le había llegado la oportunidad.

_Te amo, fue lo único que dijo el tipo.

El teléfono ya no estaba en su boca. Quiso imaginar la cara de ella al escuchar esa confesión guardada por años pero un golpe seguido de un agudo dolor se lo impidió.

Un clavo estaba abriéndose paso por la carne de sus muñecas para llegar a la madera. Carne, metal, sangre, madera, dolor, desmayo.

Los cuatro clavos terminaron de profanar la carne cuando una luz azulada, potente, cegadora, que duró apenas un instante, brotó del cuerpo de el tipo. Un instante que bastó para que todo el galpón se tiñera de azul, para que las sombras dejaran de proyectarse, para que las grietas de la pared se hicieran más visibles, para que la noche se iluminara como un mediodía.

Los siete hombres vestidos íntegramente de negro quedaron aturdidos por unos segundos, los inquisidores y el cura se persignaron varias veces y comenzaron a rezar.

El matón que sabía reír sacó el arma y le pegó un tiro certero en la frente.

_ Para que no sufra. Me cayó simpático, fue lo único que dijo mientras devolvía el arma a su lugar en la cintura.

Ella sintió un ardor en el pecho, ella se levantó la remera y vio que una cruz colgaba nuevamente de su cadena, ella reconoció al hombre desnudo que ocupaba la cruz. Ella besó a el tipo, agarró fuertemente la cruz y lloró. La voz de el tipo prometiéndole que iba a ir a todos lados con ella, que la acompañaría siempre y que nunca más la iba a abandonar se hizo alarido dentro de su corazón. El tipo esta vez no le había mentido.

El mundo, instantáneamente, se pobló mágicamente de cruces. Un nuevo Cristo ocupaba los espacios en las casas y en los templos, un Cristo más fornido, un Cristo con el pelo más corto, un Cristo totalmente desnudo; un Cristo con cicatrices de intentos fallidos y con un agujero en la frente.

 

Este es mi primer libro, la tarea me desbordó. Quise tener el control pero no pude, como siempre en mi ingrata e infeliz existencia. Pero ahora estoy feliz; algo cambió. El tipo ahora tiene un padre, el tipo ahora tiene un Dios, yo ahora tengo un hijo, yo ahora tengo un Dios.

¿Dónde está el tipo?  

"Y yo les digo que un día verían al Hijo del Hombre sentado a la derecha del poder y venir sobre las nubes del cielo."

¿Qué quién soy yo? Yo. El tipo, en este momento, está sentado a mi derecha. ¿Empieza un nuevo final?  ¿Finaliza un nuevo comienzo? Sólo Dios, el que habla en tercera persona, lo sabe. Sólo yo lo sé.

 

En el principio era el Tipo, y el Tipo era con Dios, y el Tipo era Dios.

Este era en el principio con Dios...

 

FIN

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