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  LUNES 05/12/2016
El tipo tuvo su anteúltimo capítulo de falsa esperanza
JUAN ZETA (Entrega 25)
El teléfono sonó en el Vaticano.
El Cardenal Secretario de Estado le acercó el aparato al Papa y le dijo:”Su Santidad, llaman desde Buenos Aires”.
_ ¡Más le vale que me tenga novedades y de las buenas!, dijo el Papa, enfurecido, al teléfono.

_Su Excelencia, dijo el cura que era poca cosa dentro de la Iglesia. Lo perdimos por muy poco, se acaba de ir.

_ ¡Son unos ineptos del demonio! ¡Me cago en Belcebú y en todos ustedes! ¿No consiguieron nada todavía?

_Su Santidad, tenemos la cruz, los clavos y la corona de espinas en nuestro poder. Sólo nos falta encontrar a Jesús y estamos muy cerca.

_¡Tráiganme a Jesús, a Barrabás, a un santo o a un hijo de puta, a un rico o a un mendigo, a un macho o a un puto, a un eunuco o a un violador, a un ladrón o a un honesto, a un hombre o a una mujer, a una virgen o a una ramera. No me importa a quién traigan, sólo tráiganlo muerto y clavado en la cruz! Es más importante la cruz que el crucificado. Ya se los dije, sentenció y repitió el Papa.

_Teníamos a uno, pero a la gente que me acompaña se les fue la mano. Los sacerdotes inquisidores quisieron hacerlo confesar y lo torturaron, le quebraron las piernas, le arrancaron las uñas. Los demás lo golpearon hasta desmayarlo, lo cortaron en tiritas con una navaja hasta que uno se cansó y le vació un cargador en la cabeza. Quedó destruido, parecía la obra de un carnicero desquiciado, había que armarlo de vuelta para poder colgarlo en la cruz, dijo el cura que era poca cosa dentro de la Iglesia. Pero tenemos a Jesús muy cerca.

_ ¿Cómo que a Jesús? ¿Cómo lo van a reconocer? ¿O alguno de ustedes se acuerda de su cara?

_ No Su Santidad, no sabemos como es su cara, pero conseguimos un nuevo aliado. Él dice saber quién es y nos lo va a entregar. Nos pidió mucho dinero.

_No importa el dinero. Paguen lo que sea y encuentren a Jesús si quieren conservar el culo intacto, dijo el Papa colgando el teléfono con vehemencia.

El tipo se despertó pasado el mediodía, creyó estar saliendo de la más absurda de las pesadillas pero la realidad lo golpeó muy duro cuando advirtió que esa cama no era su cama, que esa casa no era su casa y recordó la cara de su viejo amigo cuando se iba al consultorio, diciéndole: “Dormí un poco, te ves agotado. Cuando regrese hablamos y ya sabés, la casa es toda tuya”.

El tipo escuchó algunos ruidos, tuvo miedo nuevamente, la paranoia lo perseguía como una nueva sombra. Se vistió con cuidado y salió de la habitación sigilosamente.

Una señora gorda, de tez morena, estaba limpiando el departamento del amigo. Cuándo notó la presencia de el tipo dijo: “discúlpeme si lo desperté, traté de hacer el menor ruido posible. El señor me dejó anotado que lo deje dormir. Le vuelvo a pedir mil disculpas”.

Esa gordura, esa tez morena y esa mansedumbre le parecieron conocidas. Ya las había visto en algún lado, escarbó en su ya escarbada cabeza y las encontró.

Era la señora gorda, la que escupía rezos al suelo, la de tez morena, la envuelta en una manta agujereada y recostada contra una santería en aquella noche fría del seis de Agosto frente a la Iglesia de San Cayetano.

_ ¿Se acuerda de mí? Nos conocimos el día de San Cayetano, no me porté muy bien con usted en esa oportunidad, dijo el tipo.

La señora escarbó en su no tan escarbada cabeza, encontró algo y dijo: “Hijo, claro que me acuerdo de vos”.

Otra vez la palabra hijo le produzco escalofríos a el tipo, su padre jamás le había dicho: “hijo”; su madre tampoco.

_ Esa noche te vi tan mal que te incluí en mis oraciones, continuó la señora.

_No se ofenda, pero, o las oraciones tenían faltas de ortografía y sintaxis o al que se las dijo era sordo. Desde ese día mi vida empeoró inconvenientemente, dijo el tipo.

_Tenés que tener fe, hijo. Ahora me tengo que ir, ya terminé de limpiar. Que Dios te bendiga, dijo la señora agarrando una cartera y dejando en el departamento, flotando, su mansedumbre, su sonrisa y su amor y fe incondicionales a Dios. Tal vez el único amor y la única fe incondicionales a Dios que quedaban en el mundo.

El amigo volvió temprano del consultorio, había cancelado algunas citas para poder hablar con el tipo.

_Bueno mi viejo amigo, ¿que te está pasando? Me tenés preocupado, dijo el amigo viejo.

El tipo, sin importar lo que pensara su amigo, le contó todo lo que había sucedido desde aquella noche del seis de Agosto. Le contó de su empleada, de la hilera de mesas con armazones de caño que sostenían lonas y plásticos, de los falsos discapacitados, de su primera entrada a una iglesia. Le contó que quiso hacer algo importante, que se había robado el Cristo de la iglesia, que lo había cargado en hombros hasta su casa, que lo había desclavado y le había curado las heridas. Le contó del color rojo en sus manos, de ella, de la desaparición de las cruces. Le contó que Jesús había resucitado y era quién había ido al cabaret con ellos. Le contó del pastor asesinado en el baño de la estación, de su casa destruida y llena de cruces verdes y le dijo que la Iglesia lo estaba buscando.

El amigo se deslomó de risa, sus carcajadas lastimaron los oídos de el tipo que le dijo: “¡No te rías pelotudo!”

_ ¿Cómo no me voy a reír?, contestó el viejo amigo secándose unas lágrimas que encharcaban sus ojos. Es la historia más delirante que escuché en años, y mirá que en mi laburo uno escucha de todo.

El amigo miró que el tipo no se reía, tamaña seriedad lo preocupó aún más.

_ Decíme que es un puto chiste. Por favor decíme que no creés lo que me contaste. Estás delirando, te voy a derivar a un psiquiatra. Te va a hacer bien, le dijo.

_ No necesito de ningún cura locos. Lo que te conté es verdad, confirmó el tipo.

_ Los manicomios están repletos de verdades como esa.

_ No estoy loco. ¿Qué es lo que no te termina de cerrar?

_Nada, absolutamente nada me cierra. Toda la historia es una enajenación. Te vas a quedar conmigo, debés estar pasando por mucha presión para decirme esto. Esperemos que sea pasajero, no quiero volver a escucharte hablar sobre el tema. Descansá todo lo que puedas, te voy a dar unas pastillas para que lo hagas mejor. Además me estás diciendo que el tipo que fue al cabaret con nosotros, que se emborrachó, que se fumó y que se cogió hasta una pendeja es Jesús. Eso es imposible, dijo el amigo.

_ ¿Por qué es imposible?, preguntó el tipo.

_ Porque es humano, es demasiado humano.

 

El teléfono sonó en la casa de los padres de ella.

_Hola, atendió ella.

_Hola, dijo el tipo.

_ ¡Mi amor! ¿Cómo estás? Hace ya una semana que no nos vemos, te extraño mucho, quiero verte.

_Estoy bien, no te preocupes. Con el apuro nos olvidamos de mirar las fotos ¿Salieron las de Jesús?

Ella esperaba otra respuesta. Ella siempre esperaba otra respuesta de el tipo. Igual contestó: “Si, salieron todas”.

El tipo sintió que algo lo oprimía menos, como si ese: “Si, salieron todas”, lo hubiera liberado de una prensa que cada día lo aplastaba más.

_Gracias. Es una gran noticia la que me diste. Con estas fotos los problemas se van a terminar muy pronto. Te pido un último favor, anotá una dirección y mandámelas con algún taxi, dijo el tipo que no confiaba ni en los celulares ni en los mails ni en nada que pudiese ser rastreado.

_Te las llevo yo, quiero verte.

_No, mejor mandámelas. Ya nos vamos a ver muy pronto, pero ahora no.

_Pero vos me prometiste algo, recriminó ella.

_Ya sé. Te prometí que voy a ir a todos lados con vos, que te voy a acompañar siempre, que nunca más te voy a abandonar y lo voy a cumplir, dijo el tipo dando por finalizada la conversación.

Los oídos de ella se quedaron sin escuchar las palabras que tanto querían oír y no podían, la boca de el tipo se quedó con ganas de decir las palabras que tanto quería decir y no podía. Un “te amo” infinitamente postergado quedó esperando una nueva oportunidad.

Ella imprimió las fotos, las puso en un sobre y anotó una dirección en él. El sobre con una dirección anotada en él se subió a un taxi y el taxi llevó por las calles de Buenos Aires a ese sobre con una dirección anotada en él. El sobre con una dirección anotada en él se bajó del taxi y llegó a las manos de el tipo que abrió ese sobre con una dirección anotada en él, miró las fotos y dijo: “¡Lo cagué al Jesús este!”.

Comentarios
 
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 05/12/2016 | 02:11 Hs
Enviado por MariaEmilia
Ovbiamnte demostras ser algo asi como..., Horror en Mendoza: curas abusadores de chicos sordomudos !! Por razones que se tratan de establecer !?
 
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