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  LUNES 28/11/2016
El tipo tuvo que desterrarse de su tierra prometida: ella
JUAN ZETA (Entrega 24)
El tipo intentaba pensar, el tipo intentaba no tener miedo, el tipo intentaba encontrarle una salida a todo esto; pero moría en vanos intentos. El tipo no podía pensar, el tipo tenía miedo, el tipo, como en un salón de espejos, no encontraba la salida. Sólo se veía mil veces reflejado dentro del problema.

Jesús pensaba cómodamente, Jesús no tenía miedo; Jesús se encontraba en el mismo salón de espejos pero no se veía reflejado en ninguno. Una flecha luminosa parecía haberle indicado la salida.

_No me conocen, sólo saben donde vivo, pensó en voz alta el tipo.

_A mí tampoco me conocen, ya se olvidaron de mi cara, dijo Jesús.

El tipo sabía que lo que había dicho Jesús era verdad, el tipo se sabía el responsable de aquella verdad. Sintió que no sólo había salvado a Jesús, sino que se había condenado a sí mismo. El tipo se sintió intranquilo ante la tranquilidad de Jesús.

Jesús se retiró con su tranquilidad hacia la habitación; el tipo se quedó sentado con su intranquilidad, como una pesada giba, en la silla del comedor. Esa joroba era una mochila llena de piedras que le impedía levantarse.

Ella traspasó el marco sin puerta con una caja que a el tipo le resultaba familiar, era aquella caja amarilla con letras rojas y negras que contenía esa botella que lo había acompañado durante gran parte de su vida hasta que decidió abandonarla precisamente por ella. Ella y la botella eran una contradicción.

Antes de que el tipo pudiera decir algo, ella habló: “Mi amor. Aunque nunca me lo dijiste ya sé que dejaste de tomar por mí y eso me puso muy feliz, pero ahora creo que lo necesitás, creo que lo necesitamos”.

Ella,  para el nunca tardío asombro de el tipo, llenó dos vasos hasta el tope. Era la primera vez que iba a compartir con él uno de los vicios que tanto le molestaban.

Ella apenas mojó sus labios. El tipo, como un beduino sediento, vació el lleno del vaso para llenar el vacío del estómago.

El tipo casi vomita, parecía que su cuerpo quería rechazar eso que había aceptado durante tanto tiempo. Cuando el ardor y las náuseas dejaron entrar una bocanada de aire preguntó: “¿Qué hace Jesús?”

_Está durmiendo como un angelito. Lo vi cuando entré, dijo ella.

_ ¿Tenés la cámara de fotos encima?

_ Si, sabés que la llevo a todos lados.

_ Hacéme un favor, sacale unas fotos sin que se despierte, pidió el tipo.

_ ¿Para qué? Si desaparecieron todas las imágenes de él no creo que salgan las fotos, dijo ella con cierta lógica.

_ ¿Es un vampiro el chupasangre? Tengo un mal presentimiento y me queda esta única esperanza. Tienen que salir, no me queda otra salida. Sin esas fotos estoy cagado.

_ ¿Me mentiste, no? Esto no fue un robo, no fueron ladrones con aspiraciones de pintores. Sabés muy bien lo que está pasando y no me lo querés contar. ¿Es así? No me mientas otra vez. Por favor no me mientas más.

El tipo no quería preocuparla, no quería involucrarla pero tampoco quería volver a mentirle nunca más. Sintió una pared en su espalda y una espada en su pecho. Tenía que contarle la verdad porque era la única manera de alejarla del problema, sino le hubiera vuelto a mentir.

_Si, te mentí. No fueron ladrones comunes. Lo están buscando a Jesús. La Iglesia lo está buscando y el único dato que tienen para encontrarlo soy yo. Por lo tanto me están buscando a mí y el hijo de puta lo sabe. También sabe que no lo reconocerían ya; por eso duerme tan tranquilo. Por favor sacále unas fotos y después seguimos hablando, dijo el tipo.

A ella le temblaba el pulso mientras intentaba meter a Jesús dentro del visor de la cámara.

El tipo vio como salían destellos de luz blanca de la habitación, recordó el relámpago que había salido de ese mismo lugar el siete de Agosto y con la velocidad de un relámpago toda su vida pasó ante sus ojos.

Ella pasó ante sus ojos, pero no en forma de recuerdo. Ella acababa de salir de la habitación con la cámara de fotos en las manos y con el miedo en todo el cuerpo. El miedo le sentaba bien, el tipo la vio más bella que nunca.

_Ya está, ya le saqué las fotos. Ni se despertó, dijo ella.

_ Bueno, gracias. Ahora escucháme bien y por favor necesito que me hagas caso. Ni planteos, ni peros, ni nada; es por el bien de los dos. Te vas a ir a lo de tus viejos, vas a dejar el trabajo y la facultad por unos días hasta que esto pase y no vuelvas a pisar por acá a menos que yo te lo pida, ordenó el tipo.

_ ¡Otra vez no!

_ ¿Otra vez qué?

_Otra vez vas a desaparecer. No te voy a ver vaya uno a saber hasta cuándo, pensé que estabas cambiando, dijo ella.

_Por favor, comprendé que esto es por tu bien. No es como otras veces, yo ya no quiero separarme de vos; nunca más quiero separarme de vos, dijo el tipo

_ ¿Lo prometés?

_Te lo prometo. Te doy mi palabra, que aunque nunca valió una mierda es lo único que me queda. Esta vez la voy a cumplir. Te prometo que voy a ir a todos lados con vos, que te voy a acompañar siempre; te prometo que nunca más te voy a abandonar.

El tipo la acompañó hasta la calle. Lágrimas, besos, abrazos y más lágrimas, besos y abrazos lacraron esa despedida. Ella temía no volverlo a ver, el tipo temía lo mismo.

El teléfono sonó en la casa de el tipo que lo escuchó pero no podía despegarse de ese abrazo agarrado desde la desesperación.

Cuando lo logró, con desconsuelo, y cuando la vio doblar en la esquina sin volver la vista atrás entró a la casa.

Se topó con Jesús en la puerta que se disponía a salir.

_ ¿Quién era el del teléfono?, le preguntó el tipo.

_ Nadie, número equivocado, respondió Jesús.

El tipo tomó el contenido del vaso que ella había dejado lleno, sintió el sabor de sus labios en su boca, el whisky ya no le provocó ardor, ya no le provocó náuseas, sintió que la besaba en cada sorbo.

Jesús se le acercó y le dijo:”Me voy”.

_ ¿Dónde vas?, preguntó el tipo.

_No sé,  pero creo que llegó el momento de separarnos, ya hiciste demasiado por mí.

_Veo que estás asustado, estás cagado en las patas. Las cosas se ponen feas y te escondés como una rata.

_No, no tengo miedo. Ya te dije, no me buscan a mí, te están buscando a vos, dijo la espalda de Jesús desde la puerta.

_ ¡Cagón!, gritó la impotencia de el tipo desde la silla.

El tipo tomó otro vaso de J&B, ya no sintió que la besaba a ella. Un gusto amargo le ocupó la boca.

El teléfono sonó en la casa del recién encontrado viejo amigo.

_Hola ¿Quién carajos es a esta hora? Si sos alguno de mis pacientes te podés suicidar tranquilo que no te voy a dar bola. Esperá a que te toque la sesión, dijo el amigo viejo entre dormido, borracho y enculado.

_Soy yo. ¿Estás ocupado?, dijo el tipo.

_ ¿Sos vos?

_Si querido, soy yo.

_Mierda, hoy no gano para extrañezas. Te encontré después de años sin verte y ahora me llamás unas horas después de habernos despedido, dijo el amigo. ¿A qué se debe el honor de tu llamado?

_Necesito ese tiempo que me ofreciste y no sólo para una charla. Necesito alojamiento por unos días y mi cuenta bancaria no resistiría pagar un hotel, dijo el tipo.

_No hay problema. Me encantaría tenerte aquí adentro como antes. Vení ya para acá que yo le pido a la negra que se vaya.

_ ¿Qué negra?

_ La del cabaret, mis huevos se llenan rápido y no hay cosa que haga más feliz a un hombre...

_Que tener los huevos vacíos, completó la frase el tipo.

_ ¡Exacto! Te espero, dijo el amigo cortando la comunicación.

El tipo dejó el teléfono, armó un pequeño bolso y con la botella de whisky en la otra mano salió a la calle. No quiso mirar atrás, estaba abandonando lo poco que poseía en la vida.

El tipo había caminado dos cuadras con su bolso, su botella y su renovada frustración cuando frente a su casa estacionó una camioneta negra con vidrios polarizados. Siete hombres vestidos íntegramente de negro descendieron de ella.

 

Comentarios
 
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 29/11/2016 | 02:09 Hs
Enviado por marcella
Como todos los diaa,. demasiado Bandwidth .,! Para parecer Susana Jimenez !!
 
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