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  LUNES 14/11/2016
El tipo, Jesús y el viejo amigo fueron a un puticlub
JUAN ZETA (Entrega 22)
La luna había ganado la pulseada y era la reina del cielo. El sol ya no estaba, el día ya era noche.

Jesús había quedado rezagado, el tipo y el amigo lo esperaron. Jesús llegó al encuentro con una mano detrás de la espalda.

_ ¿Qué te quedaste haciendo?, le preguntó el tipo.

_ Nada, dijo Jesús.

_ ¿Cómo que nada? ¿Qué tenés escondido ahí atrás?, dijo el tipo agarrándole el brazo que ocultaba la mano.

Jesús sostenía entre los dedos un porro encendido, Jesús supo que ya no podía mentir y no le importó. Jesús aspiró una bocanada enorme y la depositó en sus pulmones.

_ No podés fumar eso en cualquier lado, no hay doctrina coherente aun, lo adoctrinó el tipo.

_Yo puedo hacer lo que quiera. ¿O te olvidaste quién soy? ¡Soy el Hijo del Hombre, soy el Hijo de D...

_ No, otra vez lo mismo no, lo interrumpió el tipo. Te hace mal fumar eso pero no me tengo que calentar más por vos, hacé lo que te plazca.

_ ¿Querés?, dijo Jesús extendiéndole el cigarrillo.

_No, no fumo más de eso, dijo el tipo.

_Yo sí quiero, dijo el amigo que pitó un par de veces y contuvo la respiración.

Llegaron al lugar que quedaba en un primer piso sobre la calle Rivadavia. Una escalera infinita, una escalera al cielo los depositó bajo la luz amarreta de una bombita roja y descobijada. El amigo viejo del tipo golpeó la puerta. La puerta se abrió apenas unos centímetros y un matón los observó desde la abertura escasa entre puerta y marco.

_Mono, soy yo, dijo el amigo.

Las palabras causaron el efecto de ábrete sésamo, la puerta se abrió de piernas y una nube densa se liberó del lugar con tal fuerza que casi los tira a los tres escalera abajo; una escalera al infierno.

_ Pasá. ¿Estos dos vienen con vos?, preguntó el matón.

_Sí, pero me parece que no te fijaste bien. ¿No conocés a ninguno?

El matón miró a los dos, el tipo estaba encendiendo un cigarrillo. Jesús, que pensó que el amigo hablaba de él, dio un paso al frente. El matón lo hizo a un lado con su enorme brazo que era más ancho que las piernas de los tres, y dijo: “¿Sos vos, papá?

_ Sí mono, soy yo. ¿Cómo andás?, dijo el tipo

El mono matón casi le destroza la columna de un abrazo al tipo. Jesús masticaba bronca; Jesús masticaba una maldición.

_ Jesús vení, dejálos a éstos continuar con su romance. Te presento mi segundo hogar y el de tu hermano hasta hace un tiempo. ¡Te presento el paraíso! Acá los hombres vienen a buscar a Dios, no hay mejor religión que el cuerpo de una mujer, dijo el amigo del tipo haciendo una genuflexión.

Era temprano todavía, el paraíso era más paraíso que nunca; no había otros hombres allí adentro que ellos tres y el mono abre puertas.

La luz roja de afuera se multiplicaba adentro. Algunos sillones raídos, una barra, pocas mesas, mucha penumbra y una música de cumbia muy alta eran el escenario donde bailaban unas quince mujeres que se divertían antes del trabajo.

Las había mulatas y blancas, gordas y flacas, mayores de edad y prohibidas, experimentadas y novatas, lindas y feas. Esto último no importaba, todas se sentían bellas bailando vestidas de desnudez. Bocas, piernas, culos y tetas para todos los gustos se movían descaradamente, sin hipocresía. En ese momento no tenían que fingir, la ausencia de clientes provocaba la presencia de lo auténtico.

Jesús estaba extasiado ante toda esa carne promiscuamente exhibida. El amigo lo vio boquiabierto y le dijo: “¿Qué te parece el paraíso, amigo de mi gran amigo?”

_ Ni yo lo podría haber hecho mejor. ¡Quiero comer vacas, quiero el colesterol bien alto, quiero ahogarme en un mar de whisky, quiero fumar porros del tamaño de una botella de cerveza, quiero correr en bolas detrás de todas estas mujeres!, dijo Jesús totalmente fuera de sí.

_Veo que te estuvieron aleccionando en algunas cosas, esa era una de sus frases de cabecera, dijo el amigo.

El tipo, que se acercó y escuchó la conversación dijo:”Yo no le enseñé nada, aprendió solito”.

_ ¿Qué quieren tomar? Yo invito, dijo el amigo viejo o el viejo amigo.

_Nada, dijo el tipo.

_Whisky, dijo Jesús.

_ ¿Alguna marca en especial?, le preguntó a Jesús.

_ Sí, quiero J&B.

_ ¡Bueno! La influencia de mi gran amigo es notoria. ¿Sabés por qué se llama así ese whisky?

_No, dijo Jesús.

_La J es por Juan, la B es por Bautista. Tomó tantas botellas en su vida que le pusieron ese nombre en su honor, dijo el viejo amigo.

_ ¿En serio?

_ No, pero deberían hacerlo. Es una verdadera injusticia, esa empresa creció gracias a la sed de él, dijo pasando su brazo por encima del hombro de el tipo que se reía de la ocurrencia de su viejo amigo.

Varias chicas, que notaron la presencia de los primeros clientes de la noche, se acercaron a recibirlos. Todas conocían al amigo de el tipo, todas fueron a saludarlo. Algunas se acercaron a Jesús. El tipo se apartó del comité de bienvenida y se fue a sentar, solo, en un sillón lejano y ganado por la oscuridad. Desde ese precario anonimato observaba la escena.

El viejo amigo y Jesús estaban acodados en la barra con un vaso de whisky, fumando el segundo porro de la noche y rodeados por seis chicas.

Ela migo había marcado el camino y ahora Jesús lo recorría por su cuenta. Jesús parecía un pulpo mutante tocando tetas y culos, las chicas apenas se libraban de una mano tenían otra encima.

El viejo desapareció por una puerta con una mulata bellísima. Jesús descubrió a el tipo, se le acercó y se sentó a su lado.

_ ¡Me gusta este lugar! Todas estas mujeres dicen amarme, me hacen sentir bien. Me hacen sentir un dios, dijo Jesús.

El tipo no quiso explicarle que todos los hombres iban a ese lugar porque se sentían amados y se sentían dioses. Porque lo que querían escuchar lo escuchaban, porque lo que querían hacer lo hacían; porque prácticamente nunca la palabra “no” saldría de la boca de esas damas.

_ Parece que recuperaste tu profesión de sanador, te veo haciendo imposición de manos a mansalva. ¿Ya sacaste muchos demonios de esos cuerpos?, dijo el tipo.

_Todavía no, quiero entrar en ellas para sacárselos. ¿Cómo hago?, se interesó Jesús.

_Es fácil, depende la plata que le hayas afanado a mi chica podés cogerlas por el agujero que más te plazca.  Podés pedirles que te digan que sos Dios, podés morderlas hasta quedarte con un pedazo de ellas en tu boca. Podés hacer lo que quieras pero ni se te ocurra lastimarlas porque te cago a trompadas. ¿Cuál te gusta? ¿Cuál querés?

_Todas. Me gustan todas, las quiero a todas, dijo Jesús.

_No te va a alcanzar la guita para eso, dijo el tipo, y acá no se fía ni se confía.

_Pero para dos o tres me alcanza, dijo Jesús sacando un manojo de billetes del bolsillo.

El tipo miró la plata y dijo: “la cuenta está bien hecha pero te fuiste al carajo con el diezmo que le cobraste a mi chica. Ella no labura como una perra para que vos te saques esa leche vencida de dos mil años. ¡Hijo del Hombre, Hijo de Dios, hijo de puta!”

Cuando el tipo estaba por sacarle el dinero, una de las chicas se sentó en la mesa que enfrentaba al sillón.

_ ¿Te acordás de mí?, le preguntó la ramera al tipo.

El tipo la miró, ella estaba más gorda, más descuidada. Su rostro tenía más colores que la cara de un payaso intentando cubrir algo que igual se dejaba ver: tristeza, resignación, dolor. Sus pechos habían sucumbido ante la ley de gravedad pero seguían siendo su mejor arma. El tipo sabía que ella tenía su edad pero parecía mucho más vieja; los años se instalan rápidamente en el cuerpo de una prostituta.

_ ¡Mi amor! Jamás me olvidaría de vos, dijo el tipo que podía decirle mi amor a esa mujer pero no a su mujer. A ese lugar los hombres no iban sólo a escuchar lo que no podían escuchar en otro lado, también iban a decir lo que no podían decir en otra parte.

La puta sonrió desde el alma, le dio un pequeño beso en los labios y le dijo: “Sos el único que me trata bien, para los demás no soy nadie. Sos el único que ve en mí a una mujer y no a una puta. El negro no me llama por mi nombre ni por ningún nombre, solamente me pega y me putea, o me putea y me pega”.

_El orden de los factores no altera el producto, se desubicó el tipo que siguió: “No me digas que todavía estás con él. Seguís vendiéndote por dos mangos para que ese proxeneta de mierda viva bien”, terminó indignado.

Jesús, que no se había ido y que escuchaba la conversación preguntó:”¿Qué es un proxeneta?”

_Un fiolo, un ser despreciable, un parásito inmundo, una sanguijuela que vive a costa de buenas minas como ella. Es una porquería de tipo que ni siquiera es capaz de hacerlas sentir bien, amadas, cuidadas, que no las respeta, que las maltrata, que las exprime hasta quitarles la vida, respondió el tipo.

_Ah, dijo Jesús. “Ahora los dejo solos y me voy a hacer lo que tengo que hacer”.

El tipo lo vio irse e internarse en una maraña de carnes envueltas en diminutos pedazos de tela. Lo vio con la plata en la mano, lo vio elegir; era fácil imaginar lo que Jesús tenía que hacer.

_ ¿Qué hacés todavía acá?, preguntó el tipo.

_No te entiendo bien. Trabajando, como siempre. Vos me conociste acá adentro, ¿o te olvidaste de lo que soy?, respondió la puta.

_No me olvidé de nada, apenas de vivir. Lo que te quiero decir es: ¿qué hacés acá?, en el mismo lugar de hace unos años. Suelen ser como las golondrinas que van de un lado a otro.

_Las putas nunca podemos ser golondrinas, sólo unos ordinarios y piojosos gorriones. Y más aún para una puta vieja como yo.

_Seguís siendo tan bella como antes, dijo el tipo.

La ramera se sintió bella, se sintió acariciada y no toqueteada como siempre.

_ ¿Vamos para adentro? Invito yo, nunca te cobraría. Con vos me siento mujer y no puta. Sos como mi bebé..

El tipo no quería lastimarla. El tipo buscó una respuesta que no sonara a desprecio: “Me encantaría, de verdad me encantaría. Siempre me sentí un bebé mamándote pero ahora no estoy bien. No te podría hacer sentir mujer porque no me siento un hombre”.

_ ¿Le estás siendo fiel a alguien?

_Estoy tratando de serme fiel a mí mismo, dijo en frase de autoayuda el tipo que no pudo decir que le estaba siendo fiel a ella, a su chica.

El amigo viejo, que acababa de unírseles junto con la mulata, escuchó las palabras de el tipo y dijo: “¿Serte fiel a vos mismo? Ya no querés tomar, ya no querés fumar hierbas y por lo que escuché ya no querés coger tampoco. Más que serte fiel a vos mismo te estás traicionando. ¿Dónde está mi amigo? ¿En qué recóndito lugar se perdió el unicornio azul?”

_Estoy acá, soy yo, dijo el tipo.

_Para mí que alguien obró un milagro. Éste se nos enamoró, sólo eso puede cambiar tanto a alguien, le dijo el amigo a la ramera.

_ Si eso fuese verdad, envidio a esa mujer, dijo la tetona sin despecho.

_A la mujer que esté a mi lado no es para envidiarla, sino para compadecerla, dijo el tipo.

El amigo, con la mulata sentada en su falda, le dijo: “Estás triste. Siempre tuviste una cuota de tristeza en tu alma pero ahora es demasiado. Quiero que lo antes posible nos sentemos a hablar tranquilos. Prometo no hacer de psicólogo, sólo de amigo”.

_Tomo esa charla, pero ahora no importa como estoy. ¿Vos como estás?, devolvió gentilezas el tipo.

_ ¡Feliz!, dijo Nicolás pellizcándole el culo a la mulata. Nada puede hacer más feliz a un hombre que tener los huevos vacíos.

Los cuatro se rieron mucho. El tipo la estaba pasando tan bien como su amigo y como las dos damas de compañía ocasional hasta que algo se le cruzó por la cabeza.

_ ¿Y Jesús dónde está?

_Lo vi pasar con la rubia, con la colorada y con la pendeja, respondió una de las damas.

_ ¿Qué tan pendeja?, preguntó el amigo viejo.

_Creo que trece o catorce años. La tienen bien escondida por si viene la yuta, dijo la mulata.

_ ¡Es un pedófilo del orto! ¡Es una nena!, dijo el tipo que corrió hacia la puerta que separaba al salón de los cuartuchos con una cortina en lugar de puerta y con un catre y una palangana con agua en su interior.

Rubia y pelirroja salían en ese momento, Jesús no. La niña de trece o catorce años tampoco.

_ ¡Cuánta lujuria junta! Mirá que llevo años en esto pero nunca vi a un tipo con tantas ganas de coger, decía una.

_Es un divino este Jesús, dijo la otra.

_ ¿Dónde esta? ¿En que habitación está Jesús?, les preguntó el tipo.

_En la última, en la del fondo, dijeron las dos a dúo.

_ ¿Es amigo tuyo?, preguntó la colorada.

La pregunta quedó flotando en el aire esperando que el viento le traiga una respuesta que nunca llegaría; el tipo ya había cruzado la puerta.

Recorrió un pasillo angosto y oscuro escuchando orgasmos fingidos, oliendo sudores y viendo a través de las cortinas agujereadas a hombres jadeando como búfalos encima de esas mujeres que disimulaban su repulsión.

Llegó hasta el cuarto del fondo, abrió la cortina y se encontró con algo que le pareció repugnante. Una niña con cara de niña, delgada y sin pechos, tenía la mano de Jesús en su entrepierna de vello ausente.

Comentarios
 
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 15/11/2016 | 00:38 Hs
Enviado por Marcelo (otro)
Te fuiste al carajo Juan Zeta, Te está superando el libido, hacete tratar.
 
 14/11/2016 | 02:22 Hs
Enviado por Marcelo
Zeta es un blasfemo, hereje y ...
 
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