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  DOMINGO 11/09/2016
El tipo le cantó a Jesús la posta sobre el catolicismo
JUAN ZETA (Entrega n° 13)
Jesús miró desconcertado al tipo.
_ ¿Mi Dios? ¿Decís que sos mi Dios? No blasfemes.

_ ¿Y vos me venís a decir eso? O te olvidaste que te crucificaron por blasfemo, respondió el tipo.

_Algo salió mal. Pensé que lo había planeado todo a la perfección, pero algo salió mal a último momento, dijo Jesús.

_Mal es poco. No sé que pretendiste hacer cuando te llevaron preso a declarar, hasta ese momento habías cosechado un par de pequeños éxitos. Pequeños, sí, pero éxitos al fin.

_Necesito saber, dijo Jesús.

_Yo también, dijo el tipo. Una y una. Dale, empezá vos.

_ ¿Dónde estoy? ¿Qué año es? ¿Cómo es que estoy vivo?, preguntó Jesús.

_ Argentina. Año dos mil dieciséis. Todo parece indicar que yo te resucité, respondió contundentemente el tipo.

_ ¿Año dos mil dieciséis? No puede ser, a mi me crucificaron creo que en el año tres mil setecientos ochenta y siete. ¿Y cómo me resucitaste? ¿Sos un sanador?

El tipo rió frente a la cara cada vez más extraviada de Jesús.

_ ¿Sanador yo? No, es más, no tengo cura. Las cosas cambiaron bastante desde que te crucificaron, ya vas a poder leer unos libros que tengo. No puedo explicarte todo lo que sucedió en estos dos mil y pico de años, dijo el tipo que le contó lo que había pasado la madrugada anterior en la iglesia de San Cayetano.

Le contó de la señora, de la serpiente humana, del eslabón perdido, del viejo desdentado, de la hilera de mesas con caños que sostenían lonas y plásticos, del falso cojo, del falso ciego, de la niña que vendía bolitas, de las demás chucherías que vendían, de la idea de probar algo importante, de la lanza, de su caminata con él al hombro, de cómo lo desclavó y de cómo le curó las heridas. Le contó todo con lujo de detalles y para concluir le mostró la cruz, los cuatro clavos y la corona de espinas.

Jesús quedó impresionado por el relato. Lo único que dijo fue: “¿Y por qué no expulsaste a los mercaderes del templo?”

_ ¡Pará loquito! No te confundas, no soy un discípulo tuyo. Además ahora no es tan fácil. Los mercaderes ya no están fuera del templo; están adentro.

Jesús miró la cruz, los cuatro clavos de diez centímetros y la corona de espinas.

_ ¿Esa es mi cruz? ¿Esa es mi corona? ¿Esos son los clavos que me pusieron?, preguntó.

_Sí, sí y sí. Son los originales, los verdaderos, aunque en el mundo hay treinta clavos más dando vuelta. Si fuesen todos tuyos serías un colador. También hay tres coronas de espinas y hay tantos pedazos de madera que supuestamente son de tu cruz, que si los pudiéramos juntar alcanzaría para machimbrar la Muralla China. En Notre Dame, para la cuaresma, exhiben un clavo, una corona de espinas y un trozo de cruz. Pero esto que estás mirando es todo lo tuyo. Son las cosas verdaderas, las originales. Todas las iglesias romanas se matarían por tenerlas, dijo el tipo.

_ ¿Romanas?

_ Sí, romanas. ¿Sorprendido? Ellos te concibieron, ellos te adoran.

_ ¿Y mi pueblo?, preguntó Jesús.

_ ¿Los judíos?

_ Si, mi pueblo.

_Tu pueblo ya no es tu pueblo. Es un país. No te reconocieron nunca. Mientras nosotros vivimos en el año dos mil dieciséis, ellos andan por el cinco mil setecientos setenta y seis más o menos. No sólo te dejaron morir, sino que permitieron que los romanos hagan un gran negocio con vos. ¡Que raro que los judíos no hayan visto tamaño negocio! Pero así fue, dijo el tipo.

_ Aún no entiendo lo de los años. ¿Y que hace mi pueblo ahora?, dijo Jesús.

_Ya vas a entender lo de los calendarios. Los judíos ahora son mucho más poderosos, tienen un gran ejército y están hábilmente esparcidos por todo el mundo. Adquieren día a día más poder y dinero. Siguen esperando al Mesías, venden telas en el Once y en el nombre de Dios quieren quedarse  a cualquier precio con una tierra que no les pertenece. Están haciendo con los Palestinos lo que con ellos hicieron los Egipcios, los Romanos y los Alemanes, dijo el tipo. Ahora me toca a mí: “¿Cómo empezaste tu corto camino público?”

 _ No fue mérito mío, conté con muchos factores a mi favor y traté de usar con habilidad esas fuerzas disponibles. El pueblo estaba descontento. No sólo reinaba la pobreza y la opresión, los impuestos romanos hacían desaparecer tanto los artículos esenciales como los excedentes del país derrotado. El pueblo tenía poco que perder con algún cambio.

También una mitología de la época me favoreció. Circulaba un mito persistente sobre un Señor o Mesías que con su llegada aliviaría mágicamente todas las dificultades haciendo desaparecer la miseria y acabando con todos los enemigos. Y que también otorgaría el poder a las tribus de Israel sobre las setenta y siete naciones existentes. La esperanza de que llegaría un mensajero se podía alimentar de nuevo con la aparición de un profeta. Yo aproveché estas circunstancias, estas creencias compartidas de que podía llegar un hombre y cambiarlo todo, y así entré en vida pública.

_ ¿Y cómo lograste adquirir fama?, preguntó el tipo que le hacía un reportaje a Jesús y no sé si se daba cuenta.

_ Empecé por atacar sistemáticamente a los líderes religiosos. Dije que se desviaban de la religión verdadera y al mismo tiempo me erigí como autoridad de la misma. Pero para darme a conocer no me alcanzaba con atraer oyentes a mis palabras, debía ofrecer algo que le diera fama a mi nombre en todo el país. Y lo logré. Me creé una reputación como curador. El secreto oficio de curar consistía en hacer vibrar una profunda cuerda en la fantasía de la gente. Las leyendas surgen con rapidez y la eficacia en la cura crea más fe. Sin eso no hubiera podido adquirir renombre con tal rapidez, particularmente en una época en donde la medicina era ineficaz contra las enfermedades y la gente vivía con el temor de ser poseída por los demonios. Como las enfermedades no conocen de castas, mi reputación me permitió llegar a oídos de pobres y ricos.

_ ¿Y curaste alguna vez a alguien?

_Jamás. Formé una organización con hombres capaces de reclutar a otros, los alejé de sus familias e incité a los jóvenes a rebelarse contra los mayores. La fuerza conservadora de la familia era un impedimento para cualquier movimiento masivo. Los autoricé a curar enfermos, a resucitar muertos, a limpiar leprosos y a exorcizar demonios, pero nunca dejé que ninguno me sobrepasara. Los mantuve a distancia criticando su torpeza por no comprender mis parábolas que ni yo mismo comprendía y les prometí un paraíso en algún vago futuro. Ellos fueron los que me hicieron la fama de sanador, y una vez alimentado el mito no hizo falta otra cosa, dijo Jesús.

_ Igual no te sirvió de mucho, fuiste un fracaso. En tres años te siguieron sólo doce tipos, uno te vendió por treinta moneditas, otro te negó tres veces y se ganó el título de primer Papa, nadie te defendió y algunos te usaron después de muerto, sacó una conclusión el tipo.

_ ¿Cómo sabés tanto sobre mí?, preguntó Jesús.

_Sé más de vos que vos mismo. Se me da por leer boludeces. Hay algunos libros que hablan sobre vos, se llaman Evangelios. Pero lograste lo que querías, sos más famoso de lo que te imaginás. Hicieron una religión nueva con tu nombre, te elevaron a la categoría de Dios. Fuiste el comienzo del negocio más lucrativo de toda la humanidad.

_No entiendo. ¿Quiénes escribieron esos libros? ¿De qué religión nueva me hablás? ¿Quién me hizo Dios?

_Todo esto fue a partir de que te condenaran a la cruz por blasfemo. Cuando te proclamaste el Hijo de Dios, el Mesías, dijo el tipo.

_Ya te dije que algo salió mal, yo nunca dije que era el Mesías. Me conjuraron por Dios a que yo diga que era el Hijo de Dios a lo cual respondí: “Tú lo has dicho. Y yo te digo que un día verás al Hijo del Hombre sentado a la derecha del poder y venir sobre las nubes del cielo”. Cuando dije eso, el pontífice se puso como loco y gritó: “¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Acabás de oír la blasfemia, reo es de muerte”. A Poncio Pilatos también le respondí: “Tú lo has dicho”, pero éste no lo recibió como una afirmación. Por eso es que decidió, por ser Pascuas, por ser un día festivo para los judíos, perdonar a alguien. Pero nunca pensé que mi pueblo me iba a dar la espalda. Eligieron a un ladrón en lugar que a mí.

_Los dos eran ladrones para ellos, el otro era un ladrón de gallinas, vos uno de la fe. Pero igual fue tu culpa, hubieras dicho: “Yo no soy” y se terminaba el problema; dijo el tipo.

_Es que yo quería que piensen que era el Mesías aunque no lo dijera ante el tribunal. Pero ya te dije, algo salió mal y me crucificaron, dijo Jesús.

_No te salió tan mal después de todo. Muchos años de vida no te quedarían. Lo que vos no pudiste lo hicieron otros por vos. Convirtieron a un fracaso en Dios.

_Por favor, explicame. ¿De qué libros hablaste? ¿De qué religión nueva me contaste? ¿Quién me hizo Dios?, inquirió Jesús.

_ Es algo largo, complejo y descabellado. Voy a tratar de resumirlo, después te presto mi biblioteca para que termines de saber lo que quieras.

El año dos mil dieciséis en el que vivimos es el año dos mil dieciséis después de tu nacimiento, aunque es seguro que naciste seis años antes de vos mismo. Los que te inventaron empezaron a contar de nuevo. Después de tu muerte, algunos seguidores formaron una secta que se llamó Cristianismo. Durante trescientos años esa secta fue creciendo y tu nombre fue adquiriendo una concreta y real fama. Para la mayoría de los primeros cristianos nunca fuiste un dios y hasta los mismos apóstoles dudaban de que hubieses resucitado. Eras simplemente tenido como un hombre, sólo un humano. La religión cristiana era inmensamente superior a la idolatría del paganismo; representaba una gran verdad: la de que no hay ni puede haber más que un Dios. En los sitios de reunión de los primeros cristianos no se lo presentaba al Ser Supremo con figura humana...

_Como lo dicen las sagradas escrituras, interrumpió Jesús.

_ Esperá que falta todavía. Con el tiempo los convertidos al cristianismo fueron aumentando lo que despertó un singular interés en algunos hombres que formaron congregaciones de las que se hicieron jefes y se hicieron llamar pastores u obispos.

Estos empezaron a tener reuniones para encontrar la mejor forma de aprovechar la fe de los, cada vez más, cristianos. Éste fue el comienzo de los que se llamaron concilios. De las primeras reuniones realizadas en Roma nació el Evangelio de San Mateo, que es el favorito de la Iglesia Romana. Pero en sucesivos concilios vieron la luz innumerables Evangelios, tan falsos como el anterior, imposibles de atribuírsele su autoría a quienes dicen que los escribieron ya que no sabían escribir y habían muerto hace tiempo ya. Y estos son los libros de los que te hablaba, se llaman Evangelios y pretenden contar tu vida sobre la tierra y son la excusa de la nueva religión de la que te hablaba.

_Aún no te alcanzo a comprender. Me hablás de cristianismo primero y después de una nueva religión. Yo creía que el cristianismo era esa nueva religión. Me hablás de libros que cuentan mi vida, me hablás de un favorito, me decís que son falsos, me decís que son varios. No entiendo, dijo Jesús.

_No te preocupes, tal vez entiendas menos. Sigo. De la diversidad de Evangelios resultaba una gran variedad de ritos contradictorios, cada obispo tenía uno que regía a su congregación y decía que su Evangelio era la palabra de Dios. Unas iglesias no admitían el bautismo, otras hacían obligatoria la circuncisión, otras negaban la resurrección, otras aseguraban que vos no subiste al cielo en cuerpo sino en espíritu, otras negaban que hubieses sido concebido milagrosamente, sino que habías sido hijo de José. Otras, por el contrario, sostenían que tu concepción había sido enteramente divina, no habiendo necesitado del esperma de hombre alguno. Que tu madre era virgen.

_ Nunca resucité, bueno, hasta ahora. Mi padre fue José y mi madre María, tuve cuatro hermanos varones de nombre: Jacobo, José, Judas y Simón y numerosas hermanas. Tuve una esposa que se llamó Sara y un hijo que murió al nacer, recordó Jesús.

Sus ojos se llenaron de lágrimas ante el arremetimiento de los recuerdos, la respiración se hizo cada vez más agitada, unos escalofríos lo enfrentaron a un desfiladero muy estrecho del cual tenía que huir presurosamente o quedarse a esperar que su alma escapara en un último estertor.

El tipo lo tomó de una mano, no sabía como comportarse. Nunca había sabido comportarse frente a la muerte de la carne que mantenían viva los recuerdos. No sabía si llorar, reír, hablar o silenciar. Generalmente se ponía irónico, estúpido; una mezcla de consternación y humor negro lo inundaba. No sabía como comportarse pero jamás se había aprovechado de un hecho desgraciado, no lucraba con lágrimas ajenas.

Mientras había gente que se vestía de luto, otras se teñían de rojo sangre.

Las alimañas se regodean, las hienas ríen, el circo se agita.

Lo tomó de la mano y le dijo: “¿Querés descansar?”.

_ Después, dijo Jesús, apretando la mano del tipo. Ahora terminá de contarme.

_ Bueno. ¿Dónde estaba? En los Evangelios. Sí, estaba en los Evangelios. El número de Evangelios tenidos por divinos, en ese entonces, ascendía a setenta y dos. Los jefes de la Iglesia comprendieron que de continuar de esa manera, los fieles, por más creyentes e ignorantes que fueran, acabarían por entender que no era posible que Dios diera sus órdenes y su mensaje de setenta y dos maneras diferentes y contradictorias. Los obispos, entonces, se reunieron en pequeñas asambleas, en las que ellos mismos, como en un gran concurso literario, fueron desechando unos y arreglando otros, hasta que los setenta y dos quedaron reducidos a cuatro. Aunque son menos, también son contradictorios. Trataron de continuar la reducción hasta que quedase uno solo pero fue una tarea imposible porque cada vez que un obispo proponía uno de ellos los partidarios de los otros tres lo declaraban falso. Los partidarios de que vos habías nacido de mujer virgen, se oponían terminantemente a que se declarasen falsos los Evangelios de San Mateo y San Lucas en los que se dice que tu madre te concibió milagrosamente, mientras que en los de San Marcos y San Juan no hay nada que diga semejante cosa.

Los que sostenían que subiste al cielo se apoyaban en los Evangelios de San Lucas y San Marcos. Los partidarios de que no subiste se escondían tras los de San Mateo y San Juan que nada dicen de ello y albergaban que semejante idea era evidentemente falsa porque si hubiera tenido lugar la ascención, lo habrían sabido San Mateo y San Juan que fueron tus discípulos. Más aun cuando ni San Marcos ni San Lucas lo fueron.

_ ¿Alguno de ellos fueron mis apóstoles?, preguntó Jesús.

_Buena pregunta, en realidad no. Los mismos obispos confesaron que no sólo San Lucas y San Marcos no fueron tus discípulos y, por lo tanto, nada vieron nada de lo que cuentan sino que dijeron que jamás existieron tales tipos. En cuanto a San Mateo, se sabe que entre tus discípulos había un Mateo. Pero por las contradicciones en la que tropieza contra sí mismo demuestra que lo ayudó algún católico romano a componer su Evangelio, por lo tanto no es el Mateo apóstol. El único Evangelio que parece ser escrito por una sola persona es el de Juan, que dice ser tu discípulo predilecto, aquel a quién vos más querías.

_No me extraña que Juan haya dicho tal cosa, era el más raro de todos. Siempre lo tenía pegado a mí, me tocaba, me besaba y estaba celoso de mis otros discípulos. A la que más odiaba era a la bella María Magdalena, nunca nos dejaba en paz, yo debía hacer milagros para quedarme a solas con ella.

_ ¿La recordás bien?, preguntó el tipo.

_Yo amaba de todas las formas prohibidas, a esa mujer, contestó Jesús. “Sus labios, semejantes a un hilo escarlata, el adorno de lirios que rodean su cintura, sus senos, iguales a gamos gemelos...”

_ El Cantar de los Cantares.

_Veo que conocés El Libro.

_ Sí, me gusta leer buena ficción, contestó el tipo.

_ Terminá de contarme sobre el que escribió el molesto Juan.

_ ¡Sorpresa! Este libro tampoco lo escribió ese Juan. En los Evangelios figura el nombre de un discípulo que se llamaba Juan y de ello se valió este escritor para decir en el suyo que era él aquel discípulo y además el preferido tuyo. Pero este Juan no fue hebreo, ni estuvo nunca en Judea ni jamás te conoció. Era un poeta y filósofo griego que se enteró de tu doctrina cuando los cristianos emigraron a todas partes de Oriente huyendo de las persecuciones que sufrían en Siria. San Juan tomó el lugar de tu discípulo para darle más autoridad a sus opiniones diciendo que las había escuchado de tu propia boca. Escribió su Evangelio setenta años después de tu muerte y comprendió que la mejor manera de extender la superioridad de la doctrina cristiana era haciéndote Dios. San Juan se guardó de hacerte subir al cielo en cuerpo humano, comprendiendo que era un desatino. El fue el verdadero fundador de tu divinidad y de la Trinidad cristiana, dijo el tipo.

_ ¿Qué divinidad? ¿Qué trinidad?, preguntó Jesús que ya parecía de intelecto subnormal.

_Acá es donde llegamos a lo más importante. Ya sabés de los cuatro Evangelios finalistas, ya sabés del cristianismo y ya sabés de las reuniones de los obispos que se llamaron Concilios. Hubo un Concilio muy importante en el año trescientos veinticinco, que fue el concilio de Nicea. A éste le siguieron varios pero en él se discutió si vos eras realmente Dios. Se pelearon todos y quedó como expresión: “se armó la de Dios es Cristo”.Ahí confabularon para hacer de un hombre un Dios. No fue una tarea fácil, en los Evangelios de San Lucas y San Mateo te hicieron subir al cielo con el mismo cuerpo humano que tenías en la tierra, llegando a asegurar que te habías sentado a la derecha de Dios...

_ Y yo te digo que un día verás al Hijo del Hombre sentado a la derecha del poder y venir sobre las nubes del cielo, interrumpió y recitó Jesús.

_ ¡Exacto! Pero de ahí resultaba no sólo que Dios era un hombre de carne y hueso, sino que, habiéndose sentado a la derecha de otro, había dos. Entonces quedaba que Dios tenía cuerpo como los dioses de los paganos y que además había dos dioses. No quedaba otra que decidir que vos no eras Dios o que no lo era el otro. Echaron mano a la religión de Brahma, no la de la birra, en la cual había un Dios compuesto por tres dioses y agregaron que lo que se llamaba Espíritu Divino no era tal inspiración divina, sino un Dios llamado Espíritu Santo. Y así quedó compuesta la Santísima Trinidad cristiana: Jehová, Dios Padre. Vos, Dios Hijo. Espíritu Santo, Dios intermedio y mensajero, razón por la cual tenía figura de paloma. Digamos que hicieron un Dios de tres cabezas. Hubo un par de disputas más pero éste es más o menos el final de la historia. Vos sos Dios, tu figura en la cruz fue multiplicada por millones en el mundo y te adoran allí clavado...

_ ¿Cómo que adoran mi figura? Eso es paganismo, va en contra de las sagradas escrituras, dijo Jesús.

_Sí, pero no les importa. No sólo adoran tu figura, sino que también hay un abanico de dioses menores, que cómo vos necesitan de dos milagros con prensa para lograr el título, a los que llaman santos y de diosas a las que llaman santas o vírgenes; todos con forma humana, dijo el tipo.

_Entonces logré que me reconozcan como el Mesías, como el Hijo de Dios, dijo Jesús con el pecho que iba a reventar de arrogancia.

Al tipo no le gustó ver a la soberbia instalada cómodamente en el rostro de Jesús y dijo: “No fue mérito tuyo, no importaba quien estuviera en la cruz. Con Barrabás hubieran creado la misma religión. Importa más la cruz que el crucificado”.

 

Comentarios
 
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 12/09/2016 | 21:42 Hs
Enviado por Fernando
Que pena me da esta persona se rie de la fe de las personas es un irrespetuoso
 
 12/09/2016 | 11:18 Hs
Enviado por El Marques
Buen'isima .. Parece un diálogo entre jesús y constantino . La gran mentira de la historia y la más poderosa "creación " a la vez ... Ojalä dentro de 300 años a nadie se le ocurra Divinizar al che Guevara (hace 30 años hubiera sido fidel y la URSSlos que lo hubieran hecho , los que lo entregaron a la Roma del siglo XX , USA).. La historia se repite como comedia y como tragedia (Karl )
 
 12/09/2016 | 10:42 Hs
Enviado por Mordis
Diría la twitera del Calafate, "esto es una trompada en el estómago de los cristianos"; aunque sinceramente al tipo no se le puede contradecir ni una coma.
 
 12/09/2016 | 01:21 Hs
Enviado por Marta
Es sacrílego resucitar a Jesús para que digs esas cosas y contar esas mentiras de la iglesia . Este señor no sabe de lo que habla. Irrespetuoso!
 
 12/09/2016 | 01:07 Hs
Enviado por Mauro
"Importa más la cruz que el crucificado" Muy bueno! Y alta data hay. Es verdad?
 
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