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  DOMINGO 28/08/2016
El tipo tuvo una extensa confesión
JUAN ZETA (Entrega n° 11)
El tipo se despertó a las cinco de la tarde, se levantó con sigilo para no despertarla a ella que dormía con una pacífica sonrisa grabada en la cara.

El tipo se vistió. Salió de la habitación con la botella que había dejado por la mitad, con la desnudez de ella tatuada en las retinas, con el perfume tímido de su cuerpo en la mente, con sus formas dentro de las manos aun ahuecadas y con el sabor de ella que junto al primer trago de whisky se combinaron en un trago exquisito.

Salió a la calle, un viento helado le quemó la cara. Caminó hasta la plaza y se sentó en un banco a pensar y a vaciar la botella. Tardó veinte tragos en regresar.

En su cabeza no cabía otra cosa que no fuera ella, en su corazón tampoco. Quiso poder pedirle que se fuera a vivir con él. Tal vez se animara, tal vez se lo pidiera; tal vez, sólo tal vez.

La noche se empezó a cerrar sobre la ciudad, el tipo desandó el camino. El japonés de la tintorería de la esquina estaba bajando las cortinas.

Entró a la casa y buscó el celular que se estaba cargando desde hacía un mes o más, para ver si podía leer algunas noticias. Mails hacía rato que no recibía.

_ Hola mi amor, dijo ella que se había levantado y a pesar del frío solamente llevaba puesta una camisa del tipo. Esta visión, la de ella con su camisa, le alborotó las hormonas. El tipo tenía un fetiche con esa combinación.

_ Hola. ¿Descansaste bien?, le dijo.

_ Sí, muy bien. Me siento súper relajada.

_ Estás muy linda dentro de mi camisa, dijo el tipo mientras se le acercaba decididamente.

Ella lo adivinó, ella no dijo nada. Se desabrochó los botones de la camisa y dejó al descubierto su frágil y bella desnudez.

Se aparearon arriba de la mesa; esta vez fue rápido y brutal.

Ella se fue a dar una ducha, el tipo se sentó, encendió el celular y abrió la página de un diario. Palideció de muerte.

Se quedó petrificado, se quedó sin colores salvo por el rojo de las manos que había olvidado. Estuvo sin mover un músculo hasta que ella salió del baño.

Salió con el pelo mojado y con la misma camisa con tres botones abiertos.

Ella notó la quietud del tipo, notó la fuga de los colores de su cara, notó la expresión extraña y notó por primera vez el rojo de sus manos.

_ ¿Qué te pasa?, preguntó con preocupación.

El tipo no respondió, le extendió el teléfono. Ella no entendió pero antes de disparar una pregunta llegó la respuesta.

_ Leé, dijo el tipo.

En tipografía descomunal el diario titulaba: “Conmoción en la comunidad católica, robaron el Cristo de la Iglesia de San Cayetano”.

_ ¿Esto te pasa? ¿Desde cuándo te importan estas cosas a vos?, preguntó ella.

El tipo le mostró las manos color rubí.

_ ¿Y en las manos que te pasó?

_Tiene que ver con lo que leíste en el diario.

_ Vi que te llevaste la botella. ¿Estás otra vez borracho? ¿Estuviste fumando algo raro? No entiendo nada, dijo ella.

El tipo se levantó de la silla, la agarró de la mano y la guió hasta la habitación del huésped. Abrió la puerta, encendió la luz, se acercó a la cama y descorrió la manta. Allí estaba Jesús con vendas en las muñecas, en los pies, en la cabeza y en el pecho. Las vendas estaban entintadas de rojo.

Ella vio en la cama a un hombre flaco, con las costillas a la vista, blanco como un muerto, lleno de vendas sangrantes y que no se movía.

Se llevó las manos a la cara poseída por un terror jamás experimentado, lanzó un grito desgarrador y corrió hacia la habitación del tipo donde detonó en temblores y llantos.

El tipo fue tras ella, se sentó a su lado en la cama y la abrazó. Las lágrimas de ella mojaron su pecho; varias veces lo habían hecho.

_ ¿Qué te pasa? ¿Por qué llorás de esa manera?, preguntó el tipo con estúpida inocencia.

Ella en medio de estertores balbuceó entrecortadamente: “¿Cómo que me pasa? ¿A quién tenés ahí? ¿Qué hiciste? ¿Está muerto?”.

_En teoría sí, pero yo no lo maté. Ya estaba así desde hace más de dos mil años, respondió el tipo

Ella se despegó bruscamente del cuerpo del tipo y le lanzó una experta cachetada que le devolvió los colores a la mejilla izquierda.

_Eso dolió. ¿Pensaste en ser boxeadora? Tendrías un gran futuro.

Ella se sorprendió ante la respuesta, a pesar de todo el tipo la seguía sorprendiendo.

_ ¡Estás total y decididamente alienado! ¡Sos un loco y un sádico! Tenés un muerto en la habitación de al lado y lo único que se te ocurre es hacer chistes. No te tendría que pegar una cachetada, te tendría que matar. No quiero ser cómplice de esto, no te quiero volver a ver nunca más, sentenció la cosa ella.

El tipo la apresó del brazo cuando ella se levantó para huir.

_ Esperá, no me dejes. Es una locura, lo sé, pero no es lo que estás pensando. No es tan grave.

Ella tironeaba para zafar de la garra roja que la retenía.

_ ¿Qué no es grave? ¿Tenés un fiambre en el dormitorio y me decís que no es grave? Soltame por favor y desaparecé otra vez de mi vida, mucho no te va a costar.

_ Tranquilizate todo lo que puedas y prestame un poco de atención, después si querés te dejo ir y no te molesto más, dijo el tipo.

_Está bien. Quiero ver como explicás lo inexplicable, sintió curiosidad ella.

Los dos se volvieron a sentar.

_Quería hacer algo importante, quería probar algo, necesitaba probarme algo. Y lo hice nomás, me probé que era un pelotudo como pocos. No es lo que parece, es una tremenda idiotez, pero no es lo que parece. No maté a nadie...

_ No mataste a nadie pero tenés un muerto en la cama, interrumpió ella. ¿De que estupidez me estás hablando?

_Veo que no lo conociste, dijo el tipo.

_ ¿Por qué? ¿Tendría que conocerlo?, preguntó ella que ya no le cabían más preguntas.

_ Claro, es el del diario.

_ ¡Salió en el diario el muerto!, dijo ella unida al tipo por el espanto nomás.

El tipo le acercó el teléfono otra vez y le dijo: “Seguís sin entender. Leé bien”.

_ Conmoción en la comunidad católica, robaron el Cristo de la Iglesia de San Cayetano, leyó en voz alta Mercedes. ¿Y?

_Y nada, o eso es todo, que se yo. Es él, respondió el tipo.

_ A ver, esperá un poco, dejáme que ordene un par de ideas. ¿Lo que me querés decir es qué el que está en la pieza de al lado es el Cristo? ¿Eso me querés explicar? No soy tarada,

no me boludees más.

_ Es verdad, te lo juro por él. Es el Cristo, o por lo menos un rompecabezas de él. Si querés lo armo de nuevo pero me costó un laburo bárbaro dejarlo así. Vení que te lo muestro mejor, decía el tipo llevándola de tiro hasta la habitación lindante.

Ella frenó de golpe en la puerta y dijo: “Yo no entro”.

_Como te plazca. Pero mirá bien lo que te voy a mostrar, dijo el tipo

Entró en la habitación, sacó la cruz de abajo de la cama y se la mostró.

Abrió el cajón de la cómoda, sacó una bolsa y se la mostró.

Abrió la bolsa, sacó cuatro clavos y una corona de espinas y se los mostró.

_Ya está, éstas son todas las partes. Lo desarmé yo solito. ¿Qué tul?, dijo el tipo portándose como un niño viejo con un mecano nuevo.

Ella lo miró con una rara alquimia de compasión y ternura. Quiso golpearlo y abrazarlo, quiso reír y llorar, quiso decir algo y callar. La salida de emergencia estaba cerca, ella caminó hasta el comedor y, en silencio, se sentó.

El tipo la siguió. No guardó la cruz, ni los clavos, ni la corona de espinas. No apagó la luz ni cerró la puerta. Sólo la siguió y se sentó frente a ella.

Estuvieron casi una hora en silencio, un silencio ruidoso, molesto, intolerable. Se fumaron una decena de cigarrillos, apenas si podían verse a través del humo cerrado. Ensayaron palabras que no abandonaron la comodidad de las gargantas. Los dedos crujían, los cuellos crujían, las sillas crujían, los corazones crujían, las almas crujían, los árboles crujían, el viento crujía. Todo crujía en ese silencio ruidoso y falto de aceite.

Contrariamente a lo que yo hubiese escrito, la que desgarró el silencio fue ella.

_ Estás loco. Esto es una herejía.

_ Eso no me preocupa, la inquisición entró en convocatoria de acreedores hace unos siglos. Me parece que la carátula es hurto, son menos de tres años. Preso no voy a ir, pero son capaces de hacerme ir a misa todos los días como probation. Si me dan a elegir me quedo con la cana. Ahora, algo es seguro, los dedos me los pintan sí o sí, reflexionó el tipo.

_Ya los tenés pintados, tenés todas las manos pintadas de rojo. ¿Qué es? ¿Y por qué Jesús está vendado y las vendas tienen el mismo color?, preguntó ella.

_No sé, le habrán dado una mano de pintura hace poco. Cuando lo desclavé me manché todo y ahora no me puedo sacar esta puta pintura. Cuando lo desarmé empezó a brotar de los agujeros el mismo líquido, parecía que el muñeco sangraba. Sentí algo extraño, entonces le limpié las heridas y lo vendé.

_ ¿Por qué te lo robaste?

_Ya te dije, quise hacer algo importante. Aunque no lo creas entré a una iglesia y no le daban ni bola al ñato este. Lo vi tan solo que me lo traje. Estaban todos emputecidos con un tal San Cayetano.

_Porque es Agosto. Me imagino que lo vas a devolver, dijo, convencida, ella.

_Ni en pedo, mirá si me agarran. Aparte el mundo está lleno de Cristos. Hasta yo tengo uno en la piecita del fondo que era de mi tía y tengo éste también, dijo sacando del bolsillo y poniendo sobre la mesa las estampitas de San Cayetano, de María Rosa Mística y de Jesús. Y no me las robé, las compré. Vos también tenés uno entre las tetas al cual beso de pasada. Siento devoción por ese santo sepulcro, lo besaría todo el tiempo. ¿Puedo hacerlo ahora?

_ ¡No!, dijo ella abrochándose los botones de la camisa.

_Bueno, no es para que me hagas tanto despelote. Es sólo un muñeco y ya te dije que está lleno de ellos. En todas las casas, aunque no le presten atención, hay uno de adorno. No serán tamaño natural como el mío, pero que hay, hay. Y si los curas quieren otro que lo manden a hacer y listo.

_ ¿Entonces qué vas a hacer con él?, preguntó ella.

_Con la cruz me hago un asadito, con los clavos cuelgo unos cuadros, con la corona me disfrazo para carnaval y con el ñato veo si lo puedo vender en una tienda para que lo usen de maniquí, contestó el tipo.

_ Te estoy preguntando en serio, se puso seria ella.

_ ¿En serio? Entonces te contesto en serio. No tengo la más puta idea de lo que voy a hacer con el mamotreto, para enano de jardín es alto. Además está todo agujereado y destiñe.

Mercedes se aflojó, se distendió, se desestructuró, se permitió una sonora carcajada y se entregó, como en sacrificio, a los brazos del tipo.

_ ¡Te amo!, dijo. Estás loco de atar pero te amo igual.

_ ¿Puedo rezar entonces?, dijo el tipo desabrochándole los botones de la camisa.

_ No, rezale al que tenés en la cama. Me tengo que ir a trabajar.

Mercedes abandonó los brazos del tipo y entró a la habitación a cambiarse de ropa.

Mientras ella se iba vistiendo lentamente, el tipo le quitaba las prendas en su mente.

El tipo la observaba poseyéndola una y otra vez cuando una explosión tiró su libido a la mierda.

Las leyes de la naturaleza marcaban que el trueno llegaba después del relámpago, las leyes de la naturaleza se olvidaron, esta vez, de ese pequeño detalle. A la explosión sobrevino una luz azulada, potente y cegadora que duró apenas un relámpago.

Un instante que bastó para que los rostros del tipo y de ella se iluminaran, para que sus ojos vieran estrellas multicolores, para que la casa toda se tiñera de azul, para que las sombras dejaran de proyectarse, para que las grietas de las paredes se hicieran más visibles, para que la noche se transformara en día.

La explosión había llegado primera, la luz había llegado última. No había sido un rayo.

_ ¿Qué fue eso?, preguntó ella con el sagrado corazón casi fuera de su pecho.

_ No sé, dijo el tipo con los huevos en la garganta. Creo que fue un cortocircuito en la habitación del ñato, está saliendo un poco de humo. Esperá que voy a ver.

No pudo ver nada, la luz ya no estaba encendida. Dentro de la habitación reinaban las tinieblas; nunca la oscuridad había sido tan oscura.

El tipo tenía miedo, no sabía que hacer hasta que vio terror en el rostro de ella. Entonces sí supo que hacer, su miedo no era importante al lado del de ella; absolutamente nada de lo que le pasara a él era importante si le pasaba algo a ella.

Actuó, mintió, se mostró superado y tranquilo, se mostró sosegado y seguro. Hizo un arte del disimulo.

_No te preocupes, fue un cortocircuito en la habitación. La casa es vieja y las instalaciones están que no dan más, dijo en diagnóstico que no dejaba espacio para dudas.

_ Estoy temblando todavía y me arde el pecho, dijo ella.

_ Es el susto. Ya pasó todo, el tipo la quiso tranquilizar.

_ Pero me arde el pecho igual, debo tener algo, insistió ella.

_Dejame ver, dijo el tipo con la excusa de levantarle la ropa.

Se encontró con los pequeños, bellos y altaneros pechos de ella ahora semiocultos debajo del corpiño. Estuvo a punto de liberarlos de esa prisión cuando concurrió a su mente el símbolo que descansaba entre ellos.

La cadenita de plata colgaba liviana, el crucifijo ya no estaba. Una marca como una quemadura, en forma de cruz, se había formado en el pecho de ella. El tipo le bajó instantáneamente la ropa.

_ ¿Qué tengo?, preguntó ella.

_Parece una picadura o algo así, mintió el tipo. Ya se va a ir. Ahora andá a laburar que se te hace tarde.

_ ¿Me acompañás?, le rogó ella.

_ Bueno, le concedió el deseo él.

Salieron al frío y caminaron abrazados las tres cuadras que separaban la casa del tipo de la estación de servicio donde ella trabajaba. El tipo caminó abstraído y en silencio. Su cabeza estaba dominada por la quemadura, en forma de cruz, en el pecho de ella.

Llegaron a destino, se abrazaron y sus labios se unieron en un prolongado y húmedo beso.

_ ¿Qué vas a hacer ahora?, preguntó ella.

_ Me voy a casa a pensar en vos y a olerte en las sábanas, contestó él.

_ Cuando salga voy para allá. ¿Querés?

_Claro, te voy a estar esperando. ¿Me traerías una botella?, pidió tímidamente el tipo.

_ Esperá.

Ella entró y salió del 24 horas con una bolsa en la mano.

_Te amo, dijo ella mientras le entregaba el delivery.

_Chau y gracias, dijo el tipo, que no se permitió devolverle el “te amo”.

El tipo saludó con la mano y salió disparado hacia su casa. Corrió como nunca mientras en su agitación le pedía a su no-Dios que lo que le daba vueltas por la cabeza sólo fuese una mala jugada de su imaginación, una absurda idea creada por una persona más absurda todavía.

Entró precipitado y sin aire a la casa, miró hacia la habitación del huésped que seguía siendo el reino de las tinieblas.

La idea irracional no lo dejaba respirar, el exceso de tabaco tampoco.  

Dejó la botella arriba de la mesa y agarró la trinidad de estampitas. San Cayetano miraba hacia abajo, María Rosa Mística sufría vaya uno a saber por qué y Jesús..., y Jesús no estaba. Un papel blanco completaba la tríada.

Voló, casi literalmente, hasta la piecita del fondo; su corazón arañó el bobazo. El crucifijo de su tía no colgaba ya de la pared, una marca negruzca delataba que alguna vez había estado en ese lugar.

Le flaquearon las piernas, se tiró al piso para no caer.

_ ¿Que mierda está pasando?, dijo.

La idea, tal vez, no había sido tan absurda. 

 

Comentarios
 
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 30/08/2016 | 11:25 Hs
Enviado por Fa
Es como que estamos "acostumbrados" a la genialidad de Zeta, no? La gráfica es de él también, Pedro, sí, poderosa.
 
 29/08/2016 | 11:58 Hs
Enviado por Marce
Zeta es como iglesia de pueblito, no tiene cura, Jajajjaj
 
 29/08/2016 | 11:41 Hs
Enviado por Andrea
Ay Marta, vos sí que no tenés paz. Grande Zeta!
 
 29/08/2016 | 01:40 Hs
Enviado por Marta
No puedo dormir sabiendo que este irrespetuoso sigue escribiendo sobre el Señor Todo Poderoso. Es una afrenta imperdonable hasta para el que todo lo perdona. Encima los señores de maraco le hacen un dibujito ofensivo. Tenemos un Papa argentino, somos un país en la que el catolicismo es la religión de estado. Deberían saber todo eso MD antes de publicar a este hombre totalmente desarriado del rebaño del Señor. Me ofende tanto como a los demás fieles. Aberrante!
 
 29/08/2016 | 00:44 Hs
Enviado por Mauro
Grosso loco! Un flash
 
 29/08/2016 | 00:38 Hs
Enviado por Pedro
Te felicito hiper talentoso Zeta. El tipo crece y embriaga. Se lee con placer y queda la sensación de querer que siga. Es polémica la temática, atrapante la historia y tu nueva pluma que pretende pasar desapercibida pero que no lo logra. Tu estilo es hacer lo que quieras, sos mil estilos, sos mil escritores. Gracias MD por permitirnos leerlo, Zeta es objeto de la envidia y de la discriminación de los que jamás podrán considerarse un par y lo sé de muchas fuentes. Es ignorado y dejado afuera de cualquier convocatoria sencillamente por ser tan bueno. Las autoridades de Cultura deberían estar mas allá pero es lo que hay. ..o lo que no hay. Perdón si se me mezclaron los conceptos pero hay cosas que son inentendibles y dan vergüenza ajena. También quiero felicitar al diseñador que hizo la gráfica, es poderosa como la obra de Zeta.
 
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