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  DOMINGO 21/08/2016
El tipo bajó al pesebre
JUAN ZETA (Entrega n° 10)
En el desconocimiento absoluto, en los mitos urbanos, en los chusmeríos mal intencionados me hicieron violador y violado, me hicieron promiscuo y virgen, me hicieron rey y súbdito, amo y esclavo.

Me hicieron rico y mendigo, sabio e ignorante, bondadoso y psicópata, misericordioso y vengativo. Me hicieron hacedor y destrucción, titiritero y marioneta, analfabeto y escritor.

Estoy escribiendo mi primera historia y no es la mía: es la del tipo, la de ella, la de Jesús, la de todos; la de ustedes. Mi necesidad de escribir es funcional a la egolatría, egotismo tal vez, de sentirme un dios. Un narrador omnisciente es lo más cercano a esa carga.

Me endilgaron libelos que jamás redacté. Quisiera vengarme; la debilidad es mi debilidad.

Este es mi primer libro, la tarea me desborda.  Los personajes se burlan de mi pluma, no logro que hagan nada de lo que me gustaría que hicieran. Tienen  vida propia. Me arrebatan el título de creador para convertirme en un narrador, tarea menor.

Los divisé perdidos por la vida, quise encaminarlos pero se despadran y eligen seguir perdiéndose. Quise tener el control pero no pude; soy su perseguidor.

Igual me culparán por sus errores y por sus desatinos; me resigno ante ello.

Les puedo marcar un destino, pero será como una señal de tránsito a no respetar.

Este soy yo. El que se siente solo, el que necesita una pareja y un hijo a su lado.

El que quiso tener padres y un nombre, no cien. El que quiere tener un Dios, una vida.

Pero ahora sólo tengo la vida de mis personajes que se mueven convirtiendo en libertinaje el libre albedrío. Siento una especial predilección por el tipo, un sentimiento muy especial que me hace alucinar en haber tenido, perdido o tener un hijo como él.

Nadie sabe quién soy, no me nombren en vano: soy pobre y estoy exhausto.

Me gustaría abandonar esta vida pero no puedo.

Me gustaría dejar de existir.

Ya hablé bastante de mí, error de inexperto escritor. El tipo sigue su vida y yo acá aburriéndolos con mi absurdo estar.

 

El tipo estaba agotado después de desclavar a Jesús, encendió otro cigarrillo; una deliciosa sensación lo hizo vibrar de pies a cabeza. Ella seguía durmiendo, ella lo estaba esperando. El tipo no la quiso hacer esperar más, él no quiso esperar más para verla.

Abrió la puerta de la habitación de goznes quejosos y se quedó mirándola como dormía.

La bata cayó pesadamente al suelo, el tipo quedó nuevamente desnudo.

Como un ladrón furtivo, como un pata de lana se deslizó bajo las sábanas a encontrarse con la mujer que amaba en un prisionero y esclavo silencio.

Ella tenía la piel caliente, era un hornito que devolvió la pasión abandonada y olvidada en algún confín del universo caótico de la existencia del tipo.

Ella le daba la espalda, el tipo le corrió el cabello que olía a frutas y la besó tierna, dulce y suavemente en la nuca tratando de que ella no se de cuenta de esa muestra de devoción.

_ ¡Qué hermoso!, dijo ella.

_ Perdoname por despertarte, respondió el tipo que no se perdonaba haber quedado al descubierto con ese beso.

_ ¿Qué hora es?, preguntó ella.

_ Cerca del mediodía, respondió el tipo sin estar seguro.

_ Hoy no quiero ir a la facultad. ¿Me puedo quedar todo el día con vos hasta que vaya a trabajar?

_Claro, respondió el tipo que no se animó a decirle que ese era su deseo también.

_ Hace un poquito de frío. ¿Me abrazás?, pareció limosnear ella.

El signo de pregunta todavía no se había cerrado cuando el tipo la rodeó con sus pensamientos, con sus deseos y sus brazos.

Le acarició la espalda, le besó la espalda. Sus manos desacostumbradas le desabrocharon el corpiño.

Ella, siempre dándole la espalda al tipo, se dejó recorrer con las manos, con la boca y con los pensamientos.

El cuerpo de ella rogaba besos, rogaba roces, rogaba caricias. Más que un ruego era una súplica, más que una súplica era un grito desesperado.

El deseo inmediato, la urgente necesidad de que el tipo la oliera, la mirara, la admirara, la tocara, la apretara, la besara, la mordiera, la lamiera, la abrazara, la pellizcara, la acurrucara, la mimara.

Saber, probar, gustar, paladear.

Ella se sintió envuelta, cubierta, asaltada, mecida, doblada, empujada, mojada, amada.

El tipo se abandonó, se dejó caer, se dejó llevar; el deseo era incontrolable y avanzaba a ciegas.

Había llegado la anarquía a los sentidos, imposible controlarlos, imposible reprimirlos. Caos de estremecimientos, el cuerpo recorría el camino a la demencia.

El tipo sintió el pecho de ella elevándose y descendiendo al compás de la anomalía de la respiración.

Amor y neblina, vapor y rocío. Luz, antorcha y fuego. Fuego, delirio y ardor.

El tipo la volteó, la transitó a mano y contramano. Las lenguas querían cambiar de bocas.

El tipo se llenó las manos hechas a la medida de las convexidades de ella. La creó esculpiéndola, moldeándola en arcilla negra. Un crucifijo reposaba entre los senos de ella.

Los dedos del tipo, ya hábiles, buscaron y encontraron zonas inundables y allí se ahogaron.

El tipo peregrinó por el vientre hacia el oscuro monte que era el claro refugio de sus deseos.

Buceó océanos, bebió mareas. Abrevó en las profundidades del delirio.

Entró en ella, salió de ella, volvió a entrar, volvió a salir. Una explosión de torrentes contenidos buscaba una brecha en la represa para escapar. Los sujetó, intentó retenerlos hasta el límite de lo inhumano.

Un último envión y la muralla cedió, la fuerza devastadora de apetitos contenidos encontraron su cauce.

El tipo deseó erguirse nuevamente en ella, quedar atrapado entre sus paréntesis y volver a morir allí.

Quedaron dientes marcados en los cuellos, uñas en las espaldas. Marcas de piernas como cinturones.

Ella y el tipo se quedaron dormidos tan juntos que parecían una sola alma. Los cuerpos transpirados sonreían, el sonido de sus culminaciones quedaron rebotando en las paredes.

 

Comentarios
 
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 22/08/2016 | 19:26 Hs
Enviado por juan
Precioso texto!! Muy bien narrado, te felicito, real, no como los libros placidos que debe leer marta, sin ningun ruido, sin ningun problema, como una simple tarde de este invierno.. te felicito juan, eventualmente leo tus textos y seguis produciendo con gran calidad literaria!
 
 22/08/2016 | 11:16 Hs
Enviado por Pedro
Ayyy Martita, sos una mazoquista dedicada... te jode, te jode, pero tenés una pulsión irrefrenable!!! No podés dejar de encontrarte con la pluma de Zeta cada vez que aparece... O sea, cuánto te gusta lo hereje y vulgar...
 
 22/08/2016 | 00:31 Hs
Enviado por Marta
Hereje y vulgar!
 
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