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  MIÉRCOLES 13/01/2016
Zircaos vuelta al mundo - Capítulo 28: Rumbo a Pakistán
Siempre hacia el este. Desde Bam fuimos directo a Zahedan, nos habían hablado mucho de este lugar, no por lo pintoresco (aunque lo tiene) sino por lo peligroso, por ser una ciudad fronteriza y todas esas cosas que alguien dice por haber escuchado de oído alguna vez algo que ocurrió.

Yo tenía un poco de temor por los reiterados llamados de alertas de la gente llegando, estando y saliendo de la ciudad. Como sigue? Lo que siempre pasa, todo bueno, nada malo.

Apenas entramos la sensación de estar en otro país fue inmediata porque la ciudad parece pakistaní en toda su forma, caos en el tránsito, vacas y burros en las calles, otros colores, mucha pobreza, diferente vestimenta. No parecía una ciudad iraní, sino todo lo contrario, fue sentir que habíamos cruzado la frontera sin sellar ningún pasaporte.

Buscamos durante un largo rato un lugar donde estacionar, primero al lado de un parque pero al final de la tarde preguntándole a un policía sobre algún lugar donde poder quedarnos nos acompañó hasta el estacionamiento de un hotel. Pasamos cuatro días allí, los niños y Guille venían un poco mal, con algún virus que los tenía desganados, con un poco de fiebre.

Nos hizo muy bien estar parados en ese lugar, la gente del hotel muy amable y nosotros tranquilos. Fueron tres días que hice de enfermera de toda la familia y desde General Pico, Mario, nuestro amigo y medico nos fue dando indicaciones para ir llevando la cosa. No se necesitó ningún medicamento para estar bien, una alimentación liviana, mucha agua y muchísimo amor hizo que la familia se recupere al cien por ciento y así seguir viaje hasta la frontera. Viajando suceden estas cosas, como la alimentación va cambiando todo el tiempo y se beben diferentes aguas pueden producirse algunas veces cuadros como estos.

Al día siguiente antes de salir a la calle a comprar frutas y verduras, la chica del hotel me dijo que tenía que ir acompañada por un policía (ahí no entendí nada!) porque lo que yo veía desde ahí era una calle normal, con gente simple, amable, haciendo las cosas que hace una persona un día cualquiera. Volví, con ese miedo que te meten de prepo, a pesar de mi resistencia a sentirlo. Fue Guille, volvió a la media hora con algunas cosas ricas para comer y un pan recién sacadito del horno a leña y con muchas cosas para contar en esas tres cuadras que hizo. La gente y su simpatía, los puestos los colores. No quise quedarme con ese miedo inservible dentro mío y fui luego a buscar otras cositas a las despensas de piso de tierra y gente con sonrisa amable. Me traje una bolsa llena de frutas frescas y el seguir aprendiendo de que todo no es como lo cuentan. Con el criterio de llamarlo lugar peligroso, puedo decir que el mundo está corriendo peligro en el lugar menos esperado, pero en estos países exactamente es donde la gente del resto del mundo tiene más miedo, porque leen y miran las únicas noticias que se les ofrecen, las negativas. Todo puede suceder en cualquier lugar. El miedo bloquea la libertad.

Como iba diciendo después de tres días salimos a la ruta, nos despidieron en el hotel cargándonos todos los depósitos de agua pero esta vez con la policía escoltándonos, no hubo manera de decir que no, es obligatorio llegar hasta la frontera con Pakistán escoltado (pero no a comprar un kilo de naranjas!…).

Salimos, teníamos por delante unos cien km., primero fuimos a cargar gasoil en el centro con toda la policía armada y la verdad es que nos daba mucha vergüenza, no teníamos nada de que defendernos, solo fue gente y más gente que se acercaba a saludarnos, colgándose del vidrio para ver cómo era nuestra casita, sacando algunas fotos y tirando alguna palabrita en inglés para conversar sobre algo. La policía los corría, por eso mismo la incomodidad de ese momento y no querer que así fuera, pero no había alternativa.

Tomamos ruta, uno, dos, tres cambios más de escoltas y llegamos a la frontera. El último grupo fue de seis soldados en un jeep, uno de ellos se bajó con nosotros a las oficinas (que ya casi estaban cerradas) y nos dio una mano con todo el trámite que teníamos que hacer para poder salir de Irán. Afuera, en todo un playón había gente, como puntitos de colores, con sus pertenencias en bultos de tela haciendo comiditas al fuego, esperando seguramente el otro día para poder irse en algún autobús haciendo el camino inverso al nuestro. Algunos durmiendo en el suelo con una mantita. Esa mantita que minutos después descubrimos que es una de las pertenencias más importantes en la vida de un pakistaní…

Trámites burocráticos terminados, el soldado se despide y un portón pesado del lado iraní se abre, del otro lado una barrera precaria y liviana se levantaba para nosotros entrar, al fin, después de tantas imágenes que proyectamos en nuestra cabeza tratando de imaginarnos como era Pakistán. Mientras la barrera subía parecía que el mundo se terminaba ahí, que ya no había más nada, era la línea divisoria a un país despojado de todo. Un “stop” escrito e improvisado en la pared y un cartel en un pedazo de chapa nos daba la bienvenida a Pakistán.

A partir de allí empezábamos a manejar por la izquierda. Un policía muy amable nos dio la bienvenida y nos indicó donde estacionar para hacer el ingreso, el lugar era campo abierto, muchas bolsas y basura dando vueltas por ahí. Una cola de personas esperando sellar su pasaporte se abrió para que pasásemos y estacionar cerca, el lugar donde funcionaba la oficina era muy precario, desvencijado, el mismo policía de la entrada nos orientó y ahí estábamos, piso de tierra, en un sillón roto que mostraba su goma espuma, sentaditos los cuatro llenando las planillas y con los ojos llenos de lágrimas de emoción por estar ahí, por ver tanta simplicidad junta, por ver tantas caras que reflejan un mundo sin nada material. Todos, todos con sus mantitas en la cabeza, enroscadas en el cuello y cubriendo su cuerpo. Es la salvadora de estos pueblos para el frio en las noches heladas del invierno y para secar el sudor del calor en el verano.

Terminamos, ya era de noche, antes de salir a la ruta casi inexistente cambiamos algo de dinero para tener a mano, un policía armado con un AK47 ya estaba al lado de nuestra camioneta esperándonos para que lo sigamos, amables como siempre. A partir de ese momento formaron gran parte de nuestro viaje por Pakistán.

 

La historia continuara…

Hasta el próximo capítulo!!!

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Abrazos viajeros para todos!!

Comentarios
 
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 17/01/2016 | 13:31 Hs
Enviado por Sebastian lopez
WOW SIGAB DISFRUTANDO A FONDO SUERTE.
 
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