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  LUNES 10/08/2015
Zircaos vuelta al mundo. Capítulo 13: la hospitalidad turca
"Lo bello del lugar no lo hace el lugar en sí, sino su gente". Y lo hemos comprobado una vez más. Entramos a Turquía y por esas casualidades llegamos a Balabancik, un pequeño pueblo metido en el campo, donde "caímos" por azar a pasar la noche.

Pero empecemos por el principio...

Salimos de Serbia, cruzamos Kosovo, unos de jeep de guerra, trincheras, alambres de púas y soldados armados vigilaban el paso, seguimos andando con mucho cuidado, sin dejar de estar atentos ni un segundo porque puede ser catastrófico, conducen rapidísimo y pueden llegar a sobrepasarte por el lugar menos pensado.

Desde Kosovo cruzamos otro pedacito de Serbia nuevamente (hasta hemos visto algún coche cambiar la patente antes de entrar al lado serbio, estas cosas incomprensibles de las guerras...) después pasamos por Macedonia, el sur de Bulgaria (donde para decir que "si" se gira la cabeza de un lado al otro y para decir que "no" de arriba hacia abajo, hay que practicar bastante jeje!!) y elegimos finalmente atravesar el final de Grecia de norte a sur.

No presenciamos ninguna danza griega, ni platos rotos pero hicimos unos días de playa en Kavala, donde encontramos mucha tranquilidad, sombra, unas duchas al aire libre y fuente de agua fresca. Aprovechamos el mar planchado para darnos muchísimos chapuzones, lavamos ropa, manoteábamos de a ratos alguna señal de internet que pasaba a unos cuantos metros y conocimos a Denis, un italiano viajero que anda por el mundo con su camionetita que compró en Polonia.

Compartimos charlas y alguna comida. El último día nuestro amigo nos regaló un asadito de chorizos y nos dio para probar el vino griego que tiene un sabor muy particular ya que se almacena en barriles de pino y estos van desprendiendo la resina dándole un sabor inconfundible.

Y entre todo esto la gente no deja de acercarse, ser amable, ayudar. Alma pisó un erizo y se clavó muchísimas espinas, enseguida recibimos ofertas de fórmulas mágicas, entre todas elegimos la de calentar (pero bien caliente!) aceite de oliva y pasarla con un hisopo por cada espina, en 3 días mágicamente no quedo ninguna...

También en Grecia Alma y Quintín rindieron su primer examen por medio del SEAD (Servicio de Educación a Distancia), hicieron la evaluación que nos enviaron vía internet y una vez terminado lo reenviamos desde ahí por correo postal a Buenos Aires. Fue una nueva experiencia...

Cada día por las mañanas seguimos como siempre con la escuela en casa donde va cambiando el paisaje por la ventana.

Casi al terminar Grecia cruzamos un puente donde ya se empezaba a ver como nuestro viaje comenzaba a cruzar otro país.

Llegamos a la frontera con Turquía, cruzamos por Ipsala, un paso fronterizo bastante grande, el tramite fue rápido y esta vez tampoco a nadie se le escapó una sonrisa.

El calor continuó tan fuerte como siempre.

Algunos soldados armados y gigantes banderas turcas de rojo fuerte con su media luna y su estrella nos daban la bienvenida.

Una ruta ancha contorneada de verdes y girasoles abría paso a esta Turquía grande que tiene tanto para mostrar y ofrecer.

Tomamos la única alternativa de ruta que teníamos, anduvimos por unas horas y como cada día que usamos enteramente para viajar cuando empieza a caer el sol comenzamos a buscar un lugar para pasar la noche. Y acá comienza la mejor bienvenida que un viajero pueda recibir...

Llevábamos andados unos 100 kilómetros (nuestra casita es lerda y eso es un montón) cruzando paisajes de montañas, pastores con sus ovejas, mujeres trabajando la tierra con sus pañuelos en la cabeza y faldones largos tapadas sin que un pedazo de piel se pueda ver. La religión musulmana ya se podía sentir más de cerca cruzando mezquitas y a lo lejos escuchando sus llamados a las oraciones.

Desde la ruta empezamos a buscar un pueblo, vimos uno, allá, lejos, fuimos pero sus calles estaban en subida y bajada, poco cómodo para estacionar "la camio", decidimos seguir hasta el próximo buscando un terreno más plano, hicimos unos 7 kilómetros adentro, cruzando por un pequeño camino bordeado de trigales, cruzando algún tractor cargado de fardos, que volvía de la jornada del día, los hombres con sus mujeres saludando con amabilidad y sorpresa al vernos pasar.

Llegamos al lugar, entramos por la calle principal esquivando algunas gallinas y saludando a dos manos a todo lo que se cruzaban y con una sonrisa recibíamos una respuesta inmediata de bienvenida.

Pasamos frente a un grupo de 3 hombres que estaban tomando el chai. (Es el té que se toma aqui mínimo 4 veces al día, compartiendo ese momento como los argentinos compartimos el mate. Se sirve en unas pequeñas vasijas de vidrio sin manija con dos teteras, una con el té negro listo y la otra solo con agua caliente como para alivianarlo un poco). Preguntamos si podíamos dormir allí (como para entrar en confianza) y en un segundo ya teníamos a los 3 hombres dándonos indicaciones donde poner la casita ofreciéndonos baños, confianza y sobre todo una sonrisa tan amable como todas las que venimos recibiendo desde que entramos en los países balcánicos y ahora en Turquia.

Cuando la ronda de nuevos amigos ya se había convertido en un tumulto de unas 20 personas entre chicos y grandes alguien se acercó con un mapa de la región encuadrado perfectamente debajo de un vidrio para indicarnos donde estábamos (nos habrá visto tan perdidos? je!) otro preguntó si teníamos hambre tocándose la panza con un gesto que luego supimos su significado), al minuto se apareció con una sandía, le dijimos que no teníamos dinero del lugar ya que habíamos llegado ese mismo día al país, nos dijo que era un regalo desde el corazón y a partir de ese momento como por arte de magia empezaron a llegar regalos de los que ahí estaban y de los que pasaban curiosos y se quedaban para ver la novedad en esa tardecita caliente.

En cuestión de unos minutos teníamos en los asientos de adelante melones, sandia, pimientos, cebollas, un bolsón de pepinos, un bidón de agua, aceitunas, tomates, yogurt y quesos. No nos alcanzaban las palabras para agradecer tanto, ellos solo se ponían la mano en su lado izquierdo marcando el corazón.

Esta buenísimo aclarar que ninguno hablábamos el mismo idioma, todo venía con amor y era la mejor forma de comprenderse.

Un chico con su celular que utilizaba de traductor indicaba "los musulmanes somos amor".

Las mujeres miraban desde la vereda de enfrente envueltas en sus largos atuendos, sonrientes pero sin acercarse. Una de ellas nos mandó tres choclos hervidos, calentitos, riquísimos y un señor mayor muy muy humilde, simpatiquísimo, al que solo le contamos un diente se acercó y nos dejó un trozo de queso a medio envolver en una bolsita de nylon, una botella de ayran, el yogurt aguado que se bebe junto con las comidas y 4 vasitos de plástico.

No podíamos creer todo lo que nos estaba pasando, la gente de sonrisa cálida, manos campesinas, calles de tierra, humildad y corazones gigantes asombrados con lo que el día les había dejado, estos cuatro viajeros que pasaron por allí y decidieron quedarse. Y nosotros por habernos sentido abrazados.

Estacionamos en el centro del pueblo, en la plaza, pegaditos a la mezquita, sin sombra. Cenamos algo de todo lo que habíamos recibido y nos fuimos a las calles para hacer malabares y estar un poco con la gente. Era de noche, como las 10.

Enseguida se acercaron, primero los niños y un poco más tarde los más grandes. Tres mujeres que miraban todo desde más lejos se decidieron al fin y cruzaron la calle entre risas de timidez. Una vez finalizada la demostración una chica se acercó y nos invitó a tomar un té en la despencita donde estaba trabajando, aceptamos con muchísimo gusto y salimos para allá, pero antes de irnos una de las tres mujeres que miraban desde lejos se acercó con dos melones frescos y maduros y una sonrisa ancha, como todas las que habíamos recibido desde que llegamos.

Tomamos te, después llego el café, invitación a helados, charlas (algunos de los que ahí estaban hablaban inglés), los más chicos seguían intentando hacer malabares y Quintín enseñándoles a hacer devil stick (otro tipo de destreza circense).

Fotos para el recuerdo y nos fuimos a descansar. Muy temprano, en cuanto el sol asomó el primer llamado a oración salió de la mezquita y realmente nos sorprendió muchísimo porque sonó muy fuerte. Las mezquitas todas tienen altavoces para que se puedan escuchar desde todos los lugares el llamado a rezar.

Son 5 los rezos que se hacen durante el día y varían el horario según la salida del sol.

Por la mañana ya teníamos a los nuevos amigos esperando afuera, un grupo de niñas se acercaron y más tarde nos invitaron a asistir a una de sus clases del Islam, entramos a la mezquita quitándonos los zapatos, cubriéndonos las mujeres la cabeza y los hombros. Fue hermoso todo lo que aprendimos esa mañana de la religión, todo lo que nos contaron, todo lo que nos enriqueció al poder saber más del mundo por el que andamos ahora. Nos llevaron a recorrer cada rinconcito de la mezquita y también dónde y cómo se lavan antes del rezo, nuestra amiga hizo todo el ritual para nosotros, repitiendo tres veces cada movimiento (como realmente es).

Y recibimos de regalo el Corán, es el libro sagrado del Islam, que contiene la palabra de Allah, uno de los tesoros que llevamos para Argentina.

Y nos fuimos al medio día del pueblo, sintiendo la sensación que habíamos estado entre gente conocida, tan cómodos y tan queridos. Llegamos solos y nos fuimos con despedidas de los amigos, una bolsa de golosinas de regalo para el viaje y saludándonos desde la esquina. Una postal inolvidable.

Turquía nos regaló una cálida bienvenida y nos ha abierto los brazos de una manera que no esperábamos, nos habían hablado algo pero no imaginábamos tanto. Esperamos que disfruten del capítulo tanto como lo que disfrutamos cuando vivimos todo lo que les contamos.

Seguiremos en Turquía un pedazo más de tiempo, queda mucho por descubrir, norte, sur, este, oeste. Desde el Mar Negro al Mediterráneo, desde Estambul a la frontera con Irán.

Gracias por subirse a nuestro viaje!!!!

Que lo disfruten!!!

 

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Comentarios
 
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 13/08/2015 | 08:05 Hs
Enviado por Ana
Así como ustedes se emocionan con lo que viven ..... a mi me pasa con sus relatos. Cómo me emocioné con la hospitalidad de la gente!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!. viajo un poco con ustedes y recorro los lugares a través de ustedes. Qué experiencia maravillosa, cuánta riqueza para el alma y sus cabezas. !!!!!!!!!!!!!
 
 10/08/2015 | 18:39 Hs
Enviado por Nacho10
Buenisimo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
 
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