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  SÁBADO 23/07/2016
Zircaos vuelta al mundo. Capítulo 50: Tailandia (II)
Y después de salir del tumulto turístico en la zona del sur de Tailandia nos fuimos rumbeando para Koh Lanta, una isla frente a la península a la cual se cruza en ferry. La luz del día se estaba acabando y unos amigos alemanes nos esperaban del otro lado para compartir algunos días.

La cuestión es que la ruta y los tiempos no los maneja el viajero sino las circunstancias que se presentan en el camino. Llegamos a la cabina donde se paga el traslado en barco sin tener un centavo en moneda local y la tarjeta de débito no era aceptaba. Y fue ahí que decidimos desistir de conocer Koh Lanta y encontrar lo antes posible algún lugar para pasar la noche.

Volvimos unos kilómetros acordándonos de haber cruzado un caminito que llevaba a una playa y hacia allí fuimos, ya era de noche, una ruta angosta, llena de vegetación por ambos lados, alguna casita pero ya ninguna persona a la vista.

Al fin llegamos al lugar, una playa ancha y un mar que tratamos de imaginar por su sonido ya que estaba completamente oscuro. No teníamos agua para beber. Cuando paramos la casita debajo de un gran árbol y a orillas del mar vimos luces y algo de movimiento a uno de los lados, parecía que un evento había terminado y algunas personas estaban desarmando las carpas, el decorado.  Alma y Quintín fueron a buscar agua.

No solo volvieron con agua sino con 4 panqueques de banana y leche condensada. La señora que había estado allí trabajando de cocinera, muy simpática enseguida los invito a compartir lo que ella estaba cocinando. Ya era tarde y estábamos bastantes cansados. Comimos algo y dormimos con el sonido del mar, solos y a su orillita.

A la mañana siguiente cuando nos levantamos esta señora seguía desarmando sus cositas y al ver que ya andábamos funcionando nos pegó un silbido y nos dijo que vayamos, cuatro panqueques más nos regaló para desayunar, un puñado de bananas y nos invitó a comer asado de pollo por la noche, dijo que iba a cocinar para nosotros. Hablaba un inglés bastante inentendible, mechaba algunas palabritas dentro de sus frases tailandesas, pero tenía tanta buena energía que enseguida nos entendimos.

La cosa que más tarde se largó a llover pero esta señora con sus dos hijos fue hasta su casa, se trajeron sus carpas (tiendas para dormir), se colocaron bajo un alero que había al costado de la ruta y nos preparó comida tailandesa, nos invitó a comer con su familia, riquísimo, una cocinera inolvidable.

No solo eso, al día siguiente fue lo mismo, desayuno y cena también, especialmente para nosotros, y cocinando con tanto cariño era aún más delicioso todo.

El segundo día fue programón, nos invitó a ir con ellos a una playa cercana, a la hora en que baja la marea y recolectar ostras para cocinar. A las cuatro de la tarde salimos en su camioneta, cuando llegamos había más gente haciendo lo mismo. Las ostras salían sin parar, hasta aprendimos una técnica para poder sacarlas sin hacer pozo con la cucharita, zapateando y zapateando en el lugar y así empiezan a salir solas debajo de la arena húmeda. Era una playa anchísima, ventosa y el sol pegaba muy fuerte. Nos fuimos después de estar casi unas dos horas con unos 8 kilos según los cálculos de nuestra nueva amiga.

La cena de esa noche, sentados en el suelo  fue todo hecho con ostras, ensaladas, sopa y otras cositas muy pero muy ricas!! Y algo nuevo para nosotros, porque comer así, estos animalitos, de esta manera sin pensar que son pocos nunca nos había pasado. Comer hasta sentirnos satisfechos!!

Al día siguiente nos despedimos de estas personas hermosas que encontramos sin querer en el lugar menos esperado.

La zona donde acampamos fue una de las más azotadas por el tsunami en diciembre del año 2006 donde murieron miles de habitantes y turistas, nos contaba nuestra amiga. A parte solo mirar a nuestro alrededor era fácil percibirlo, aun se puede ver en la playa esqueletos de construcciones desbastadas por la inmensa ola. A partir de ese momento en las zonas que dan al mar en Tailandia se pueden ver carteles indicando para donde hay que correr en caso que venga un tsunami.

El comienzo de la despedida de esta etapa de nuestra vuelta al mundo fue aún mejor de lo que esperábamos. Sin planearlo y como siempre dejándonos llevar se presentan días como estos, días de compartir con gente a la que no conocemos y nos hacen sentir como en casa, mimándonos sin esperar nada a cambio.

 

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